• Federico Rojas

A Catar solo se llega... ¡Sumando!

Updated: Jan 3, 2020

Enredos internos oscurecieron, de nuevo, al fútbol venezolano. En los últimos meses, reapareció el desequilibrio en las relaciones entre dirigentes y delegación deportiva, que remarcaron las falencias estructurales de nuestro fútbol.



Es lamentable pero, en el último tiempo, ha quedado al descubierto que el ecosistema que rodea a la selección venezolana de fútbol anduvo congestionado. Desde que comenzó 2019, las discrepancias entre la federación y el cuerpo técnico de la absoluta fueron pan de cada día. Atrás quedaron los más de dos años de calma entre el equipo nacional y representantes del ente oficial, que provino del FIFA gate y sus derivados. Una tranquilidad latente, capaz de ser alterada por cualquier factor.


Primero fue el caso Givova, como patrocinante de la indumentaria, luego de que el vínculo con Adidas se terminara. En el camino, la montaña rusa del Sudamericano Sub-20 en Chile, con capítulos de repercusión afuera de las canchas, y el condimento político que parece imposible de separar.


Temas álgidos, que fueron resquebrajando relaciones internas y que despertaron un debate incierto, desde la desinformación oficial y desde la natural especulación en la opinión pública. A pesar del juego y sus intérpretes, la imagen del fútbol venezolano se volvió a devaluar. El hecho de que la comunicación entre los representantes de la federación y el cuerpo técnico se haya limitado confirmó las diferencias, ¿Irreconciliables?, si se venía trabajando en conjunto por la evolución, ¿Qué fue lo que se quebró?


Volviendo a la certeza, la nueva marca de vestimenta para las selecciones nacionales presentó un atractivo paquete, pero luego no estuvo en capacidad de responder a lo establecido en contrato. Las primeras producciones no resultaron en el uniforme requerido, en cuanto al tono(color) y al tipo de material y, por si fuera poco, la empresa hizo las entregas fuera de tiempo, en casi todos los compromisos que tuvo Venezuela, incluyendo a las selecciones formativas.


Esto despertó un malestar en los jugadores y cuerpo técnico, que han sufrido la incomodidad de una ropa y accesorios que todavía no convencieron, por falta de calidad y los repetidos incumplimientos.


En el plan de trabajo de Dudamel existe una lista específica de requerimientos para cualquier concentración, módulo o fecha de competencia. Esto se convierte en una solicitud, ante el consejo directivo de FVF, vicepresidencia y presidencia, y desde ahí se le da curso para llevarlo a cabo.


En tiempo reciente, este indispensable proceso ha sido difícil de lograr. La logística y planificación de la selección depende de cuan dispuesta esté la federación a escuchar las propuestas. Evidencia clara de que el cuerpo técnico ya no tiene el mismo campo de acción que antes de este año. ¿Las razones?, todavía desconocidas o, mejor dicho, no aclaradas. Eso sí, entiendo que parte de la dirigencia no ve con buenos ojos los métodos de Dudamel, quien exige el respeto de los espacios propios de la selección y no permite que, extraños a la delegación deportiva y multidisiplinaria, traspasen los límites. Un código que habría sido irrespetado.


Pero el gran quiebre se dio en marzo. La Vinotinto le ganó a Argentina, en amistoso jugado en Madrid. Y al finalizar el partido, Dudamel puso su cargo a la orden, principalmente, porque previo al encuentro se publicaron varias fotos en las que aparecía un actor político, contrario al gobierno venezolano, saludando a la delegación criolla en la concentración.


Hoy la continuidad está en veremos. He conversado con el vicepresidente de FVF y he puesto mi cargo a disposición, porque he sabido que en todo este tiempo hemos venido conviviendo en aguas muy turbias, porque estamos muy politizados”, afirmó.


Esto hizo que el raro (porque no pasa seguido) triunfo sobre la albiceleste quedara en un segundo plano. Hay gente que no lo recuerda al instante.


A la semana siguiente, FVF desestimó el planteamiento del entrenador y lo ratificó en el puesto, de manera unánime. El presidente del organismo no declaró al respecto.


Luego pasó la copa América y, dentro de todo, dirigentes y entrenadores convivieron en paz. Algunas incomodidades de bando y bando, pero se toleraron. Aunque siguieron arrastrando diferencias.


Este año, la federación tomó decisiones con relación a los entrenadores de las selecciones Sub-20 y Sub-23. En 2017, el plan era que Dudamel se encargara de ambas. Desde febrero, el DT se apartó de la juvenil y en FVF no le permitieron sugerir su remplazo. Y entiendo que no asumió en la Sub-23, por evitar el clima turbio que se ha vivido en la mayor.


Laureano González le preguntó a Dudamel por quién podía ser el preparador adecuado para la selección preolímpica. El estratega sugirió a José María Morr y Modesto González. Sin embargo, en la oficina de Sabana Grande tenían otro plan y designaron a José Hernández para la Sub-20, quien trabajó con la generación previa de la Sub-17 y Amleto Bonaccorso para la selección preolimpica.


Está un poco extraño que se enteren primero los periodistas que el entrenador”, Dudamel.

Para la primera fecha FIFA después de la copa, la federación solo consiguió un partido, con Colombia en Estados Unidos. Un asunto que no dejó satisfecho a los componentes de la selección. Dado que no se pudo trabajar más a fondo y aprovechar el tiempo como sí hicieron el resto de las selecciones Conmebol.


Juanpi Añor hizo pública la frustración del grupo y en la federación no cayó bien. Entonces, ¿Está mal que un jugador exprese sus inconformidades? A mi parecer, no. Siempre que haya respeto, no tiene por qué irritar.

¿Podría evitarse y comunicarse directamente?. Si, podría. Pero, de nuevo, todo esto se puede evitar con transparencia y el diálogo interno desde el respeto.


Según me comentó una fuente oficial, la federación no consiguió otro amistoso porque no "hay rival que quiera jugar contra Venezuela y porque no hay dinero para organizarlo, salvo que sea por invitación". Me cuesta creer que no se pueda organizar algo más serio y que no se consiguen recursos.


Tras el partido con Colombia, la distancia y falta de consenso entre las partes quedó en evidencia. Indirectamente, Dudamel se informó de que FVF había gestionado un amistoso con Bolivia en Caracas, mientras atendía a los medios de comunicación.


Está un poco extraño que se enteren primero los periodistas que el entrenador”, dijo sorprendido el que también fue entrenador de la Sub-17.


El malentendido de zona mixta, con los representantes de los medios de comunicación al final del partido, quedó en el medio de irregularidades que habían revoloteado el ambiente y dejado claro que, en ese entonces, el clima pesado de la federación había salpicado puertas adentro de la selección.


Y la verdad que me da pena la imagen que proyecta el fútbol venezolano por todo esto. Episodios que no deben suceder. No puede ser que, por una interna así, se atente contra las bases del proyecto Catar 2022. El provocarse con indirectas, es un sinsentido. Ni hablar de las campañas de desprestigio que fomentaron desde afuera de la selección para tratar de desestabilizar el asunto deportivo.


Resulta incomprensible que existan estos cortocircuitos. No hay razón para despropósitos. Este es un problema que debe ser solucionado, cuanto menos sobrellevado, por quiénes habían juntado fuerzas para desarrollar el plan que sacó de un hueco a nuestro sistema de selecciones.


El fútbol venezolano, la selección y sus jugadores están en el medio de un asunto que requiere de cabeza fría para ser subsanado. Ni los federativos, ni los entrenadores, ni los jugadores son más importantes que lo que significa un equipo nacional. Hoy se precisa madurez. No es momento para caprichos, porque impera la aceptación, la comprensión, y porque este conflicto nos autodestruye cuando, supuestamente, estamos buscando el primer mundial de mayores.


A Catar solo se llega... ¡SUMANDO!


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