• Federico Rojas

Al Preolímpico, contra todo

Updated: Jan 14, 2020


La Vinotinto Sub-23 afronta el reto del clasificatorio para los Juegos Olímpicos Tokio 2020, después de una preparación apresurada y una planificación trabada por el calendario e inconvenientes organizativos



Foto: Prensa Vinotinto Sub-23


Hoy en día, el universo del fútbol venezolano se ha centrado sobre la discusión del sucesor de Dudamel, como seleccionador de la Absoluta. Un capítulo por esclarecerse.


Pero el fútbol sigue, y hay asuntos por atender.


La selección Sub-23 tendrá, en los próximos días, el campeonato clasificatorio para los Juegos Olímpicos Tokio 2020, otro de los desafíos grandes que tiene pendiente nuestro fútbol, por lo que la ilusión es lo primero que se despierta cuando pensamos en la posibilidad de asistir a la cita asiática.


Con esa misma imaginación reaparece el recuerdo vivo de la selección que dirigió Rafa Santana en 1996, buscando el cupo para los JJOO de Atlanta.


Aquella que se metió a la fase final por ganarle a Colombia y Ecuador, y terminó cuarta, con José Manuel Rey, Ruberth Morán, Miguel Mea Vitali, Luis “Pájaro” Vera, Rafael Castellín, Luis Vallenilla, David McIntosh, Gaby Urdaneta, Félix Hernández y Dudamel, entre otros.


Todos ellos jugaron con la absoluta. Uno con más gloria que otro, pero todos anduvieron en el renacimiento Vinotinto que llegó en el cierre de la última década del siglo XX.


En más de 100 años, el fútbol tuvo múltiples variaciones en lo que a Juegos Olímpicos respecta. Desde la distancia entre el COI y FIFA. De selecciones amateur a los profesionales. La participación de representativos juveniles, la Sub-23 con algunos mayores, eventos con más o menos cantidad de participantes, la inclusión de la competencia femenina, las ausencias y otras incidencias que aparecieron en el camino.


Desde 2004 no se hacía un torneo clasificatorio. En el caso Conmebol, los dos cupos correspondían, directamente, al campeón y al subcampeón del Sudamericano Sub-20 previo. Es decir, para Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016, los clasificados fueron los finalistas de los sudamericanos de Paraguay 2007, Perú 2011 y Uruguay 2015.


En ese mismo torneo, se disputaban los boletos para los Juegos Panamericanos.


Durante ese periodo, Brasil y Argentina clasificaron en dos oportunidades. Colombia y Uruguay una vez.


Generaciones con recorrido

A una semana del torneo, Venezuela parece haber ganado en aclimatación y compenetración, por el trabajo que arrastra desde comienzos de diciembre. Aun así, hay que considerar los inconvenientes en la estructuración del seleccionado nacional, incluyendo el recorte de presupuesto y el poco tiempo que ha tenido el cuerpo técnico.


Luego de la designación de Amleto Bonaccorso como seleccionador, comenzó una etapa nueva, con un grupo que promete y tiene herramientas para hacer equipo. Gran parte de los futbolistas citados, conformaron las dos generaciones juveniles (Sub-20) del ciclo Dudamel.


De la camada 2015-2017 hay siete: Notaroberto, Mejías, Velásquez, Fuentes, Saggiomo, Rivas y Acevedo.


Y del proceso 2017-2019, nueve: Hurtado, Bonilla, Palmezano, Varela, Silva, Navarro, Ibarra, Vargas y Cásseres.


A ellos, Bonaccorso le sumó a José Rivas (más de 2000 minutos con Trujillanos), Jhon Marchán (fijo en el Portuguesa), Christian Larotonda (consolidado en Metropolitanos), Matías Lacava (17 años) y Aitor López (con minutos en Estudiantes de Caracas).


La lista de 23 la completan dos muchachos que iniciaron el nuevo ciclo Sub-20 con José Hernández: el probado Anderson Contreras y Wilbert Hernández del Caracas FC.


Preparación apresurada

Con el tiempo, la Sub-23 estuvo dejada. El proceso estaba en pausa y Bonaccorso tenía que poner en marcha su plan. Solo que de manera acelerada, porque los compromisos están encima y por los previsibles contratiempos en la planificación.


Sin embargo, en las últimas semanas hubo un repunte, por el trabajo planificado para diciembre, la definición de la convocatoria y el arribo prematuro a Colombia.


El objetivo principal del entrenador es el de acondicionar a los muchachos en lo físico. Es lo primordial para entrar a competir. En cuanto al juego, la mayoría de los futbolistas reúne al menos dos años compitiendo en conjunto. Así que las costumbres y los hábitos están para ser aprovechados.


“Han sido pocos los módulos, pero desde el primero hasta ahora he notado cambios positivos. Conseguimos la sinergia para una competencia tan exigente como esta. Lo mejor es que el 80% ha jugado junto. Tanto la generación subcampeona del mundo como la del Sudamericano de 2019 ya hemos estado juntos, como en la preparación y los Centroamericanos”, dice Pablo Bonilla, quien ha sido ficha del Portuguesa y Deportivo La Guaira.


Bonaccorso ha trabajado con el 4-3-3, el 4-4-2, con doble pivote y un delantero. Igual que los sistemas en los que se han desenvuelto los muchachos en las selecciones formativas.


La primera reunión fue en septiembre y no salió como lo esperaban Bonaccorso y Pedro De Pablos, su asistente principal. Un módulo que sería de 12 días y terminó en ocho, porque los equipos del #FutVe pidieron a sus jugadores, dado que estaban en pleno campeonato.


Así fueron al siguiente reencuentro, para la fecha FIFA de octubre. Jugaron amistosos con Brasil y Bolivia. Después del partido con la canarinha, que terminó en 1-4, Christian Makoun quedó fuera por lesión, al tiempo que Boca Juniors, Augsburgo y el New York Red Bull, querían que Jan Hurtado, Sergio Córdova y Cristian Cásseres jugaran un solo partido. Entonces, retornaron a sus clubes directo desde Brasil.


Fue poco lo que entrenaron esa vez.


Tres semanas después, en la siguiente fecha FIFA, disputaron dos amistosos con Paraguay, en Asunción. Y para dicha cita, también hubo contratiempos.


Antes de viajar, la planificación tuvo que ser modificada. Citaron a Ferraresi, Mejías y Velásquez, luego de que no fueron llamados por la absoluta, encontrándose con la negativa del Atlético de Madrid en ceder a Mejías, aunque se comprometieron a liberarlo para el Preolímpico.


Luego Dudamel convocó a Ferraresi, porque Chancellor se había lesionado. Entonces el defensor del Porto B tuvo que bajarse de la Sub-23 y subirse a la mayor junto a Velásquez, también llamado de última hora por el ex seleccionador.


A 50 días del debut con Chile, quedaba diciembre para trabajar a fondo y, en esta oportunidad, el cuerpo técnico puso su mirada sobre talentos del torneo local como Acevedo o Larotonda, quienes se soltaron durante los 12 días de actividades en Caracas, bajo una dinámica de incrementar la intensidad, con algunos días a doble turno.


Cerrando el año, otra negativa. Al guardameta Joel Graterol, que había hecho el último módulo, el presidente de su nuevo club (América de Cali) cambió de opinión y le impidió participar con la selección.


Tras las fiestas decembrinas, la selección volvió a concentrar. Desde el 3 de enero en territorio colombiano, arribando primero que el resto de las delegaciones, para proseguir con los dos turnos diarios, alternando campo y gimnasio, y disputando dos amistosos que se armaron de cuatro tiempos de 35 minutos con dos bloques de jugadores. Uno frente al Pereira y el otro contra la selección de Risaralda.


“Con pelota se trabaja bastante. Estuvimos corriendo un montón cuando empezamos en diciembre. En Caracas no estábamos acoplados pero hemos entrenado bien y sentimos que vamos por buen camino”, añadió Velásquez.


Los trabajos se llevan a cabo en el club Sócrates de la localidad de Pereira, que cuenta con las instalaciones básicas para la práctica y está acondicionado con dos canchas (una artificial), aunque empezaron la expedición sobre un campo improvisado.


Aparentemente, la Vinotinto se entrena en la cancha que está en mejor estado de la zona.


“Concentramos las dos semanas en Caracas y además del tema físico, (ese módulo) nos ayudó para agruparnos más, para hacer familia. La teníamos, pero con la distancia se puede afectar. Ahora aquí, en Colombia, nos terminamos de afirmar. Nos sentimos mucho mejor”, confiesa Bonilla.


Por su parte, Velásquez considera que pese a que “no es el mismo cuerpo técnico ni la misma preparación, ahí vamos. El equipo está armado. Trabajamos bien, aunque las canchas no han estado en buenas condiciones como para ver bien cómo estamos”


El último en sumarse fue Mejías, quien tuvo compromisos en España hasta el día 12 y arribó a Pereira en la tarde de este lunes.


Uno de los capitanes y referentes es Daniel Saggiomo, quien está convencido de que la selección ha mejorado con el pasar de estas intensas semanas.


“A pesar del poco trabajo que hemos tenido, he visto progreso desde el primer módulo. Poco a poco hemos ido engranando mejor dentro de la cancha. Todavía podemos mejorar tácticamente”, dijo el volante creativo que viene de salir campeón con el Caracas.


Quince ausencias. ¡Quince!

Así mismo como se lee. Tremendo hándicap. Quince talentos, probados y, casi todos, dispuestos, con los que no podrá contar la selección. Y sabemos que siempre hubo talento, pero no nos sobra.


Todas estas bajas se dan por un condicionante contra el que no hay forma. Los clubes, al no tratarse de una competición FIFA, no están obligados a ceder a los jugadores.


Diez de los 15 son subcampeones mundiales Sub-20: Fariñez, Herrera, Soteldo, Lucena, José Hernández, Córdova, Ronald Hernández, Graterol, Ferraresi y Makoun.


Además de Yriarte, Olses, Medina, Ramírez y Romero, quien estuvo en los módulos de preparación, pero le hizo saber al cuerpo técnico que prefería ausentarse por razones personales.


“Ha sido realmente muy escabroso. Me sorprende que un club de Noruega no preste a Ronald Hernández aun cuando su campeonato empieza en marzo. Con Ferraresi, Porto no quiso. Contábamos con Fariñez, Graterol y Olses. A Lucena, Jaguares le negó el permiso”, contó Francisco García Dávila, coordinador del seleccionado nacional Sub-23.


El caso de Córdova es distinto. El delantero fue convocado para cada módulo desde septiembre y Augsburgo lo liberó. Ahora tuvo el visto bueno del DT (Martin Schmidt) pero el director deportivo le bajó el pulgar.


Con Soteldo era casi imposible contar, así como con Fariñez. A pesar de las ganas manifestadas por el volante creativo del Santos brasileño. Según FVF, el club lo habría dejado participar en dos partidos, la federación mandó la carta y les devolvieron la respuesta previsible: No.


Con Yangel, pasó algo parecido. Granada no lo cedió y desde la selección se desprende que no lo notaron con ganas de estar.


Lo de Yriarte (Vitória / España), Yamil Medina (Marbella / España) y Erik Ramírez (Senica / Eslovaquia) fue sorpresivo. Estaba todo arreglado y, ante el último llamado, los clubes cambiaron de parecer. Mientras que José Rafael Hernández decidió enfocarse en conseguir club, dado que estaba libre desde principio de noviembre.


Se cayó lo planificado y quedó un grupo fuerte que se conoce desde hace tiempo, pero no cuenta con el rodaje que habíamos imaginado un año atrás, aun sabiendo que negociar con los clubes iba a ser un trajín y que habría bajas importantes.


Pese a esto, Venezuela llegará con una considerable carga de trabajo y las incógnitas propias que trae el debut y el cómo se alistó para la cita. ¿Se habrá potenciado el grupo?, ¿Se alinearon jugadores y cuerpo técnico?, ¿Para qué está Venezuela?


“El grupo ha sabido asimilar lo que nos muestra Bonaccorso. Hay similitudes con el profe Dudamel, porque se nos pide garra y fuerza para pelear cada pelota, en cada minuto que haya de juego. Por ese lado se parecen […] Como jugadores tenemos recursos individuales y grupales. La madurez que hemos logrado nos tiene que hacer llegar bien a cada partido”, analiza Bonilla.


De atrás para delante, parece que engranaron. “En la línea defensiva estamos tranquilos, porque tenemos gente probada y sobre todo, tenemos equipo […] Además que comenzamos en la segunda fecha, como en el Sudamericano Sub-20, así que veremos a los rivales y tendremos la oportunidad de analizarlos y llegar mejor preparados”, continuó Bonilla.


Por lo pronto quedan entrenamientos diarios, musculación por las tardes y el último amistoso, con Cortuluá, ya con el grupo completo.


Hurtado sufrió un golpe en una rodilla durante un entrenamiento, pero nada preocupante. Igual no podrá estar en el estreno con Chile, porque acarrea una suspensión desde el Sudamericano Sub-20, de la que cumplió uno de los dos partidos de sanción.


Es una realidad, que Argentina, Brasil y Uruguay arrastran la continuidad de sus últimas huellas juveniles. Tanto la albiceleste como la canarinha están recuperando sus procesos formativos y, como es sabido, Uruguay siempre está preparada para competir.


También es cierto que Venezuela reúne potencial para fajarse con Colombia, Chile y Ecuador, quienes junto a Argentina componen el grupo A.


Son 10 para dos cupos olímpicos. El margen de error es corto. Ojalá se arme una dinámica con una capacidad colectiva como aquella selección que miró de cerca Atlanta 96. La que jugaba con la camiseta vinotinto oscuro y una franja tricolor, que también sacó provecho de la regla del juvenil pero, a diferencia de esta, tuvo más de diez partidos de fogueo, previo al evento.

A pesar de las dificultades, los muchachos están mentalizados y le han puesto el pecho a la situación. “Estamos claros de que la preparación que hemos tenido no ha sido igual a los procesos anteriores Sub-20, por el tiempo de trabajo, las horas de entrenamiento y partidos. Pero estamos para pelear contra cualquier rival, sabiendo que no será fácil. Tenemos las capacidades y estamos nutridos en experiencia para hacer un buen torneo y pelear hasta el final”, concretó Bonilla.


Saggiomo lo respalda con el argumento de que “La actitud y la garra que metemos en cada jugada, es nuestra principal fortaleza. Vamos siempre para adelante, sin bajar los brazos en ningún momento”.


Y rendirse nunca. Menos cuando hay razones para creer.

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