• Federico Rojas

Catarsis Vinotinto

La historia nos enseñó que, en fútbol, no siempre dos más dos es cuatro. Y en el caso venezolano, mucho menos, dada su desvirtuada naturaleza, en la que el jugador es la víctima principal de un sistema viciado, con demasiadas inconsistencias en lo estructural. Una escena conocida por muchos y, a su vez, desconocida por una crítica nación futbolera muy joven, que prácticamente surgió tras el boom Vinotinto.


Lo que arrojó el rendimiento de la selección, en la primera doble fecha de eliminatoria para el próximo mundial FIFA de mayores es, en gran parte, reflejo de todo lo que ocurre en el día a día, domésticamente hablando.


Al margen del talento de campo, con jugadores que compiten en el extranjero, el trasfondo federativo (intervención de FIFA a través de junta normalizadora), la designación de un técnico que necesita tiempo de adaptación e irregularidades en la logística, crearon un cuadro de situación oscuro, antes del debut en Colombia y previo al estreno en casa contra Paraguay.


Más allá de lo que condiciona la pandemia y la situación federativa, es inconcebible lo que pasó con Fernando Aristeguieta y Yeferson Soteldo (con quien Peseiro había hablado varias veces desde que asumió) porque, entiendo que, desde la coordinación se habían activado temprano en cuanto a las pruebas PCR y el itinerario de viaje. Me resulta curioso que Yordan Osorio no haya podido viajar después a Barranquilla o, en su defecto, a Mérida. Sobre todo a sabiendas de la lesión que sufrió Mikel Villanueva, la noche anterior al primer partido.


¿Cómo planifica un partido el entrenador con estas condiciones y con un grupo que se completó el mismo día de juego?


A esto le añadimos que los jugadores –como pasó en las demás selecciones - se juntaron casi un año después de la última vez (en Japón 324 días atrás) y que no se vieron en sintonía ni en la forma ideal para encarar un desafío tan complejo como la eliminatoria más difícil del planeta. Ellos mismos lo reconocieron. Saben y sabemos que pueden dar más.


Y los primeros que sufren son ellos, los intérpretes del juego y quienes ponen la cara en la buena y en la mala. No entiendo cómo existe tanta gente que piensa que no ganan porque no quieren, como si les faltara orgullo o compromiso, que es lo primero que exteriorizan desde sus declaraciones y actitudes en campo de juego.


Después, el error forma parte, en una disciplina tan humanista como el fútbol y, además, el rival también juega.


Imagino a los críticos irracionales de redes sociales, en caso de que el gol de Yangel Herrera hubiese valido. Seguro que estarían montados en el bote del amor, inflándose el pecho con una historia en la que no creen.

Entendamos que, ni somos una potencia, ni somos lo más pobre del fútbol mundial. Hacerlo, no cuesta nada.


El grupo quedó golpeado. Por lo deportivo y lo que pasó fuera de la cancha, más de uno ha pensado en no formar parte de las venideras citaciones.


Me queda claro que pasarán página, en frío, para compartir la declaración post Paraguay de Wilker Ángel, en la que aseguró que “vamos a seguir viniendo, a pesar de las cosas extra futbolísticas”.


Confío en que se mantendrá el grupo que se fue construyendo durante los 3.5 años previos (tras la carta de renuncia de jugadores en la era Sanvicente y el FIFA Gate). Tropezar no es caer y no poder levantarte. Menos en una eliminatoria que se avizora tan pareja como las anteriores.


Del juego, el DT Peseiro tiene tarea pendiente. Era previsible. Al menos y no por conformismo, hubo mejoría de un partido a otro, más allá de lo que podemos discutir. De si fue coherente el 4231(el entrenador fue fiel a su esquema principal) y las líneas adelantadas de visitante y contra un equipo que sabe jugar de contragolpe. De si Aristeguieta debía iniciar esa noche, del 451 en la “Ciudad de los Caballeros”, de si Soteldo tenía que ser titular en Mérida, de la demora en los cambios o de la aparición de Feltscher por derecha y Rosales de 3.


El portugués no viajó de vuelta a su país. Se quedó para seguir el desarrollo del campeonato de modo búrbuja que se realiza en Barinas y Valencia. Que se empape. Es lo mínimo que puede hacer.


En la derrota, todo error se nota y magnifica. Y es hasta exageradamente más remarcado por la incultura futbolera, no generalizada, de una opinión pública que se expresa irracionalmente, desde la calentura, quiero creer.


La naturaleza del fútbol venezolano sigue en la misma, con altibajos. Más bajos que altos. Equipos en delicada situación económica, jugadores desamparados, que pasan meses sin cobrar y un sistema cíclico que, en el pasado, la selección tapó con sus esporádicos éxitos.


Ahora que lo deportivo no salió como queríamos en la nación Vinotinto, las costuras volvieron a quedar al descubierto, por supuesto, aunado a la realidad país y a la pandemia. Ojalá que, en noviembre y con el regreso del 'Gladiador', la selección encuentre una versión más competitiva, dentro y fuera de la cancha. El camino es largo. El venezolano es muy arrecho para rendirse tan fácil.

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