• Federico Rojas

D’Adezzio: “No tenemos escenario dónde se discuta de baloncesto”

Fuera de la cancha, hay asuntos pendientes. No hay liga, en la federación hay nueva directiva y el futuro sigue incierto. Bruno D’Adezzio entró a la ‘Zona de Juego’ y accedió a respondernos algunas inquietudes respecto a su tiempo en la FVB y lo que fue, es y puede ser nuestro baloncesto.


Bruno D'Adezzio



Hay sujetos que hablan con experiencia y propiedad sobre lo que pasa en los tabloncillos venezolanos. Como él mismo dice: “Conozco todos los estados, todas las canchas de Venezuela. En los últimos 15 años, he conversado con entrenadores, directivos, jugadores, aficionados, representantes y puedo decir que sé cómo es la realidad de nuestro baloncesto”.


Es Bruno D’Adezzio, aquel que fue jugador, dirigente y es, todavía, entrenador. Pasó por épocas distintas, vio las verdes y algunas maduras. Es de los primeros en buscar el crecimiento desde la crítica y del reconocimiento de las fortalezas y debilidades de ese otro deporte que cautiva a mucha gente en el país.


Hace poco intentamos ubicarlo, para que blanqueara algunos temas que habían quedado en gris, luego de que el entrenador, nacido en La Vega, saliera de la presidencia de la Federación Venezolana de Baloncesto (FVB), a la que llegó tras unas discutidas elecciones por una supuesta injerencia de entes externos.


“Hay mucha desinformación, porque la gente no investiga ni pregunta. El Consejo Nacional Electoral (CNE) lo que hizo fue llevar a cabo las elecciones, pero no se metió con el padrón electoral y no nos impuso algo. Y de paso, eso está previsto en los mismos estatutos, que (el CNE) puede servir de asesor y se puede recurrir a ellos. Hicimos el padrón electoral acorde a la ley y al registro. Lo que pasa es que ellos (Plancha oficialista de Carmelo Cortez) venían de elecciones con la ley vieja y no entendieron ni estudiaron o analizaron la nueva Ley del Deporte. Entonces, los electores votaron lo que tenían que votar. Sobre todo porque los otros abandonaron completamente la cancha”, aclaró el capacitador que jugó 10 años en Italia y llegó hasta la preselección juvenil de dicho país.


El plan original del entrenador contemplaba cuatro puntos neurálgicos. La organización estructural y gerencial, el sistema de competencia, la formación y las selecciones nacionales.


Este no se pudo llevar a cabo porque, como mencionamos en https://www.fedevene.com/post/ponerse-a-la-altura, el grupo “Somos baloncesto” se quebró y el proyecto original quedó en la nada.


D’Adezzio no pudo cumplir con lo planificado “Por falta de recurso y porque la gente te ve como un enemigo. Creen que uno le está sacando el estatus que lograron en estos años. Me separé de todo eso y me identifiqué con FIBA para evitar un conflicto. A las asociaciones no le interesa el tema de los clubes y el ministerio mantiene su intencionalidad de controlar el baloncesto. Como yo manifestaba que no me interesaba seguir, convoqué una asamblea extraordinaria para organizar elecciones anticipadas y me fui”.


Todo esto se originó desde que se rompió la relación con Greivis Vásquez, que empezó bien, pero terminó mal.

“Greivis me dijo que estaba pensando en presentar una plancha. Le dije que si era para trabajar el aspecto técnico y formar entrenadores, no había problema. Unos meses después me planteó ser candidato a presidente de la federación. Le dije que no me interesaba, porque soy entrenador. Hubo dos o tres insistencias, hablamos con José Luis Ramey (abogado y ex jugador y pupilo de D’Adezzio), accedí y le dije que sí”, confiesa quien estudió en el Instituto Superior de Educación Física de Torino, Italia.


Solo que interpuso una condición, para poder actuar en función de la idea prestablecida y, en poco tiempo, se dividieron las posturas dentro de “Somos baloncesto”.


“Le dije: ‘Eso sí, voy a trabajar con un modelo de desarrollo que venía preparando’. Eso está plasmado y lo llamo modelo, porque es diferente a plan o estrategia, que son sus derivados. Se ganan las elecciones. Nos toca una ventana, menos de diez días después. Rolando (Urdaneta) hizo un milagro para llegar al partido con Brasil. Veníamos bien, ganamos y en eso empezó a aparecer Greivis con pretensiones. Realmente quería apropiarse de la federación. Con cierto complejo de mando que tiene”, añadió el coach.


Si usted era el presidente de FVB, ¿Cómo es que Vásquez asumió el rótulo de mandamás?


“Quería mandar todo y tenía una especie de revancha hacia Carmelo (Cortez), un problema que habían tenido en el pasado y me enteré después. Le dije un par de veces que yo no era un niño, que íbamos a hacer las cosas bien como se lo había planteado. Él asumía que había comprado la federación y me conocía. Sabía que yo, como persona, por mi edad y trayectoria, no estaba para esa pelea. Y se generó una ruptura con él. Posteriormente apareció un personaje siniestro que estaba apoyado por Greivis, llamado Francisco Delgado. Este demostró ser un mitómano y recién llegado al baloncesto”, descargó D’Adezzio, también ex jugador de Ahorristas de Caracas.


Pero apartémonos de la cándela y viajemos tiempo atrás. Es sabido que el primer gran paso hacia el desarrollo se dio a mediados de los años 70, cuando el profesor Leonardo Rodríguez materializó un proyecto de liga que se denominó Liga Especial de Baloncesto, con la participación de talento nacional e internacional, con importados de nivel, la difusión y masificación desde la televisación y cobertura mediática.


Durante un par de décadas, este campeonato fue profesionalizando la práctica de dicha disciplina en el país, hasta que se transformó en la Liga Profesional de Baloncesto (LPB), a comienzos de los 90. El básquet subió de nivel y la competencia se tomó en serio.


“La LPB ha sido, obviamente, un gran éxito, pero lo único que ha marcado la pauta de nuestro desarrollo ha sido la Liga Especial, porque nos puso en el mapa, nos hizo visibles como baloncesto de cierto nivel. La consideración que no se hace es, que esa Liga Especial no fue fruto de una evolución como en la mayoría de los países, que van de menos a más. Nosotros, hicimos primero la punta de la pirámide y en cuarenta y pico de años nos hemos olvidado y no hemos sido capaces de hacer las bases. La Liga Especial marcó la pauta y la sigue marcando”, valoró D’Adezzio.


Pasa que en la actualidad la Liga Profesional de Baloncesto quedó desamparada, perdió prestigio y, al estar inactiva, quedan muchos actores sin empleo, bajo los condicionantes del vaivén económico del país y una gerencia que no ha sabido alinearse para salir del estancamiento.


De todas formas, la estructura y organización del básquet en Venezuela no avanza. Existe un marco teórico que no se ha puesto en acción.


“Hay una ley que no tiene asidero práctico. Es el mismo plan que se emplea mundialmente para el desarrollo de cualquier deporte. Parte desde la molécula, que es el club. Solo que en el país no se entiende claramente que un club es simplemente un espacio físico, llámese una cancha abierta, con techo o sin techo, administrado por una directiva, padres vecinos, accionistas, empresarios o atletas que hacen la actividad. Estas son las vertientes del club. Lo más importante es el espacio físico, que crea el entorno y la identidad con los vecinos, padres, representantes. Desde allí empiezan las actividades deportivas de su respectiva zona”, desarrolló el otrora entrenador del Centro Ítalo Venezolano.


Entonces, entendemos que las asociaciones se forman por la alianza de los clubes que habitan en un determinado municipio, estado, país. En el caso venezolano, son estadales, con la misión de tener un solo vocero y ente organizador, para la competencia y actividad comercial. En ese caso, la federación tiene que ser ese organismo superior, que pueda alinear los criterios y supervise las actividades de las asociaciones que representan a los clubes.


La realidad es que esto no funciona como debería. Algo sobre lo que D’Adezzio tiene opinión formada.


“Debido a la distorsión de construir desde la Liga Especial hasta el desarrollo de bases, las asociaciones se han convertido en ‘maxi clubes’, únicos por estado. Nadie conoce el nombre de un club en Venezuela. En la LPB o Liga Especial, hay equipos, no clubes. Las asociaciones se han convertido en un ente al revés. En vez de ser fruto de los clubes, prefieren incrustarse y armar un mecanismo a través del cual organizan clubes fantasmas, en lo burocrático. Hacen elecciones y resulta que encontramos presidentes de asociaciones con 15 o 20 años en el cargo, para ellos decir que llevan la selección del estado. Al no haber clubes, no hay competencia oficial”, siguió.


La realidad es más preocupante de lo que cualquiera podría pensar.


D’Adezzio cuenta que “Me he encontrado a presidentes de asociaciones a los que no le interesa desarrollar clubes, porque en reuniones me han dicho: ¿‘Y después qué vamos a hacer nosotros?’, no entienden que son el padre de los hijos, que son los clubes. Así nacen los celos. Estamos amarrados con anclas de plomo y no habrá clubes hasta modificar la forma de pensar institucionalmente.


Intenté hacerlo pero, ¿Cómo se lucha contra una forma de pensar que está incrustada en nuestro baloncesto?, es difícil de hacer entender esto, aun teniendo un enorme potencial y además con una gran cantidad de canchas que, por el clima. Podríamos tener clubes compitiendo en diferentes categorías pero, si no se estudia, es muy difícil”, concretó D’Adezzio, retirado en 1980 por una lesión.


Paralelo al programa de clubes y asociaciones, está el asunto de la formación y capacitación de talento. Tanto de los jugadores como de los adiestradores. Y lo peor es que no hay debate para solucionar materias pendientes, con un determinado plan.


“La deficiencia es más grande todavía. No tenemos una escuela de entrenadores. A los coaches, cuánto más gritones, más groseros. Eso es lo que determina la supuesta autoridad. No tenemos escenario donde se discuta de baloncesto. Me reúno con gente ligada. Presidentes de asociaciones y entrenadores. Se ha hablado de todo menos de baloncesto. Nunca hemos hablado de metodología, de ciclos, del atleta, de formación, de cómo atacar las deficiencias en la formación de nuestro entrenador. Nadie parece preocuparse. Además, hay una resistencia enorme a hacer una academia reglamentada de formación de árbitros. Y de gerencia deportiva, ni hablar.


Esto, por un lado, es triste. Por otro, puede motivar a partir de la cantidad de terreno que hay para construir. Empíricamente, hemos logrado ir a olimpiadas y mundiales. Imaginemos cuánto podríamos hacer, si nos organizamos”, analizó el técnico que trabajó para Bravos de Portuguesa en 1989 y más adelante fue asistente del legendario Pedro “Camaguey” Espinoza.


D’Adezzio considera que el sistema de competencia también ha truncado el crecimiento. “Tiene que ser largo en el tiempo, espaciado en su desarrollo, porque los muchachos se forman, sobre todo, en categoría menores, entrenando y jugando en tiempo y espacio. Tiene que abarcar mínimo 10 meses y tiene que tener, como característica, el concepto de ida y vuelta. Tú visitas mi club y yo te visito. Y se debe jugar en tiempos en los que no interfiera con el resto de la vida de cada quien. Jugar los fines de semana para que, quien tenga otra fuente de ingreso, pueda trabajar, y quien estudie, pueda estudiar.


En el caso nuestro, en Venezuela siempre queremos hacer el campeonato de un mes, dos meses o concentraciones de dos semanas. Y decimos que hicimos un campeonato nacional. Todas las categorías tienen que cumplir su calendario en el período FIBA, que va de septiembre a junio”, continuó.


Resulta incomprensible el hecho de que actores principales no sean capaces de tomar decisiones en función de sus responsabilidades, al no promover un formato que está probado en otros países del continente como Argentina y Brasil.


Así lo documenta el otrora entrenador de Panteras de Miranda. “La mayoría de los presidentes de asociaciones, se adueñan, como sea, de un gimnasio, tipo IND que le llaman, y ahí hacen todo. Desde el mini básquet hasta el femenino o campeonato de escuela. Todos van, todos felices, pero no se desarrolló un sistema de competencia extendido en el tiempo, que nos permita ver el crecimiento del equipo, de la organización y del jugador, que es la única manera de evaluar a los entrenadores, porque hay un antes y un después. Cómo era el equipo hace ocho o diez meses y cómo han ido evolucionando”.


Sin caer en nombres propios, D’Adezzio lo explica con un ejemplo. “El presidente de una asociación le dice al alcalde de su estado que durante los próximos tres fines de semana, habrán diez equipos en la cancha, para hacer un campeonato estadal que nace y muere ahí. Esa es la razón y la explicación técnica de porque nuestro básquet no crece.


Si somos objetivos, los grandes atletas que hemos tenido se han formado, en un porcentaje altísimo, fuera del país. El único talento que ha llegado con un poco más desde lo autóctono es Oscar Torres, pero la mayoría, incluidos los que fueron a Portland con la selección en 1992, se formaron en el exterior. Creo que ocho o nueve jugadores más los nacionalizados. Y nadie parece darse cuenta de este aspecto”, reflexionó, al tiempo que fue crítico en cuanto a la carencia de fundamentos.


“Muchos de nuestros jugadores no saben lanzar en suspensión y les cuesta driblar sin ver el balón. Siempre tenemos excepciones y nos guiamos por ellas”, concluyó el tema.


Esas excepciones suelen mostrarse con la camiseta de la selección puesta. A falta de liga o actividad, el combinado nacional termina siendo una vitrina exclusiva para el talento criollo aunque, no hace mucho, a Donta Smith le hicieron el papeleo para que obtuviera la nacionalidad, mientras John Cox fue igual o más necesario que varios de los que nacieron en el circuito nacional.


“Nuestra selección alterna resultados. Pasa de lo excelente a lo pésimo en un momento, como es típico de todo lo empírico. Lo que quiero decir es que, nos probamos con una Olimpiada en el 92 y volvemos más de 20 años después. Nadie dice: ’Bueno, ¿Qué está pasando? Y se entiende que estos son accidentes que suceden en forma positiva. La liga profesional, con sus cuatro meses de juego intenso permitía que, el talento venezolano, llamado en cuanto a condiciones físicas, espíritu atrevido y descarado, que es muy bueno para el baloncesto, lograra este tipo de hazañas”.


En Venezuela hay preparadores. Profesores de educación física con inclinación hacia el basquetbol, adheridos al Instituto Nacional del Deporte (IND). Ese personal y ese entusiasmo deben ser acompañados, de manera incondicional, por la FVB y demás organismos con competencia.


“Hay que crear una escuela de formación de entrenadores de selección. El básquet tiene una característica que promueve el liderazgo y precisa de una postura psicológica diferente. En un club, el entrenador tiene dos o tres estrellas. Cuando mucho, tiene roles definidos, jugadores secundarios o jugadores que casi no juegan. En una selección, cuentas con puras estrellas. La manera de adecuar un juego a la característica de 12 jugadores estrella es diferente a la de un club. Eso implica que debemos tener técnicos formados. Para nosotros, es un lujo hablar de eso con todas las deficiencias que existen”.


En lo que a recursos se refiere, la dinámica sigue siendo impuesta por MinDeporte, por lo que presupuestar pretemporadas o ciclos de preparación depende de lo que decida esta dependencia gubernamental.


“Desde que se dio el control de cambio (de divisa extranjera), la LPB se convirtió en una operación financiera mas no deportiva, por el hecho que se recibían dólares preferenciales. Dio pie a que no importaba el resultado deportivo, porque parte de esos dólares se cambiaban luego en otro mercado y ahí ya venía una ganancia. Entonces, ganar o perder ya no importaba, por qué igual había un beneficio. Lo normal es que la federación reciba un aporte de los clubes, pero en Venezuela no hay clubes.


MinDeporte utiliza diferentes modalidades. Compra los pasajes y asigna viáticos, en forma directa y sin la participación de la FVB. Hay una intención de apropiarse o controlar el estamento deportivo desde arriba”.


D’Adezzio se apartó de la presidencia de FVB con varios logros, pero espera que se le dé continuidad a los proyectos constructivos como el campeonato alterno de la Serie A, los torneos de mini básquet “Minimax”, la Serie A femenina, los primeros bloques de la Academia Venezolana de Baloncesto y la norma del 3x3 previo al 5x5, con tres de los 12 jugadores, empleado en competencia sudamericana, en el día de descanso.


Pero el Coach reconoce que, más allá de las ideas impulsadas y de las buenas voluntades, hace falta un cambio de mentalidad para una real profundización.


“Estamos condenados hasta que no cambiemos la forma de pensar. Tenemos que apuntar a la creación de clubes, porque estos garantizan el auto crecimiento, la organización y el sistema de campeonato. Si esta estructura que tenemos no se modifica, repetiremos lo hecho en estos últimos 30 años”, sentenció.

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