• Federico Rojas

“El Rey nunca se ha ido”

Updated: May 16, 2020

Estaba por iniciar su primera temporada en la Liga Nacional. Se sintió casi a tope durante los entrenamientos de primavera. Félix Hernández no se olvida de los objetivos y logros pendientes para que, cuando la pandemia se termine, su brazo lo siga llevando hacia la inmortalidad.


Felix Hernández en el campo de Primavera


En estos tiempos tan terrenales, el contacto entre la humanidad se ha hecho más frecuente y cercano desde las posibilidades virtuales. En ese sentido hemos podido conectar con Félix Hernández, grandeliga venezolano de los Bravos de Atlanta. Uno de los lanzadores más prolíficos en la historia de nuestro país y posible miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, dada la notable hoja de servicio que está por redondear.


Desde su trono en Miami, el “Rey” cuenta cómo fue que se interrumpieron las actividades en el complejo primaveral de Sarasota, cuando faltaban dos semanas para el día inaugural.


“Fue todo muy sorpresivo. Nos preguntábamos: ¿Ahora qué?, ¿Cómo hacemos?, ¿Nos irán a pagar?, ¿Vamos a jugar?, ¿Se va a suspender la temporada?, en una reunión nos dijeron que iban a cerrar el complejo y que cada quien debía irse para su casa. Entonces todo el mundo se fue con esas incógnitas”, dijo el carabobeño que debutó en las mayores con los Marineros de Seattle, en 2005.


Después de más de 15 años ligado a la mencionada franquicia, Hernández firmó, en enero del presente año, un contrato de ligas menores con Atlanta, que incluyó la invitación al campo de entrenamiento, instancia en la que fue tomando forma luego de espaciar 13.2 actos en los que arrojó 1.98 de efectividad.


“Estaba teniendo buen papel, me estaba yendo súper bien […] Mi brazo está saludable, mis pitcheos estaban bastante bien, en buena forma. Estaba en los cinco innings […] En la última salida llegué a 80 lanzamientos. En la próxima serían 100 y después más de 100. Me faltaban dos salidas más antes de que ellos tomaran la decisión de meterme en la rotación”, declaró el lanzador venezolano con más victorias en la Gran Carpa, con 169.


En el caso de MLB, el asunto de reformulación de calendario es distinto a la mayoría de los eventos deportivos que estaban en plena competencia. Puertas adentro, el comisionado Rob Manfred y los representantes de cada franquicia siguen barajando el formato de entre 80 y 100 partidos, los tiempos, con la serie mundial jugándose en diciembre, las nuevas condiciones sanitarias y el cumplimiento de los pagos, bajo la escala de partidos jugados.


Primero, los jugadores tienen que estar alineados en cuanto a su disposición de salir a jugar.


“Lo que sé, es que por ahora vamos a hacer un Spring Training en junio, para empezar el día de la independencia de los Estados Unidos (4 de julio), pero en realidad la asociación (de jugadores) nos dijo que todavía no hay nada cierto, hasta que haya seguridad de que los peloteros, staff y trabajadores no estén en riesgo”.


Hernández hizo tremenda carrera en Seattle, desde que firmó en 2003, irrumpió en 2005, explotó en 2009 y dejó un espectacular recorrido como uno de los lanzadores más dominantes del juego en lo que va del siglo XXI.

Junto a Ken Griffey Jr., el "Rey" es un ícono de los Marineros de Seattle


Incluso, sus registros podrían ser más llamativos. En 2012, completó un juego perfecto. Aquel cerrado duelo con Jeremy Hellickson (Tampa Bay) que terminó con la histórica obra del diestro venezolano. 1 a 0. Le pasaba con frecuencia que, cuando se subía al morrito durante sus últimos años en los Marineros, no contaba con suficiente soporte ofensivo de sus compañeros. Quizás, ya habría alcanzado las 200 victorias.


“A lo mejor tendría más de 200. Igual no me arrepiento, en nada, de mis años en Seattle”, respondió.


En el camino, Hernández ha buscado la manera de mantenerse efectivo. Esto abarca una reinvención de su aproximación desde el montículo, así como algunos retoques en su repertorio.


“Hasta el 2016 era un pitcher de poder. Con una recta explosiva, una curva muy buena, un cambio espectacular, un slider bastante bueno. Ahora mi recta no es explosiva. Ya la cuatro costuras, se fue. Ahora es dos costuras, sinker. Mucho sinker. Dependiendo de las esquinas, mezclando bien los pitcheos con la curva, el cambio y el slider […] Estudio más a los bateadores, viendo más videos. Tengo las herramientas para sacar outs sin lanzar duro”, argumentó quien se adjudicó el Cy Young del joven circuito, en 2010.


Y de “lanzar duro” vivió muchísimo tiempo. Como él mismo dice: “Yo le tiro recta a todo el mundo”.


“Cuando eres un lanzador de poder, uno llama el juego. Mira a (Justin) Verlander. No estudia mucho a los bateadores. Eso es recta, recta y recta. Recta a las letras y recta alta. En cambio nosotros tenemos que tirar en las esquinas y recta bajita”.


Y la recta, ¿se repite?


“Puede ser. Solo que ahora, como me conocen tanto en la liga, muchos con dos strikes, se sientan en mis pitcheos quebrados. Porque saben que lanzo mucho el cambio, que es mi mejor lanzamiento. Todo el mundo sale a buscar mi cambio. Nosotros (los pitchers) somos inteligentes, pero los rivales son inteligentes también. Uno tiene que ver la forma de los bateadores y, además, cómo te conocen a ti”, explicó quien tuvo su peor zafra en 2019.


Ese intento de rebote de lo que pasó el curso anterior se proyecta desde un Félix Hernández más analítico. Tomándose un tiempo más para calcular y decidir.


“Mi éxito en Spring Training se estaba dando porque ahora uso mucho la recta y no me hacen tanto swing. Tiraba la recta afuera, en 3 y 2 o en 2 y 2 y (el bateador) ponchao’. Piensan que vengo con el cambio o la curva. Nada de eso. Recta por ahí mismo y ponchao’”, examinó.


Y el cambio, ¿Pierde efectividad por el hecho de que la recta tenga menos velocidad?


“En realidad no. Yo no tenía cambio. Lo empecé a lanzar en 2009. Mi recta era de 94 (millas) y mi cambio de 92. Entonces no había mucha diferencia […] Ahora que tiro 90, 92, mi cambio es de 88, 86, 84. Lo bajé. El cambio llegaba rapidito y me preguntaban que cómo era posible que lo aprovechara como si tuviera tanta diferencia”, explicó.


Hoy, con 34 años recién cumplidos, asegura que mantiene la vigencia, a pesar del continuo trajinar durante dos décadas.


“Estoy en mis mejores condiciones. Todavía soy joven. Lo importante es que el brazo esté fuerte”, dijo el escopetero que no acostumbra a hacer el bullpen previo a una apertura.


“Guardo mis balas. He lanzado tanta pelota que ya no necesito lanzar bullpen para tirar strikes y localizar los pitcheos. Aparte que así descanso más”.


La controversia de 2013

Félix estaba en sus años de pico de rendimiento, le quedaban dos temporadas de contrato y Seattle quería renovarle por cinco más, justo antes de que se jugara la segunda edición del Clásico Mundial de Béisbol y la temporada de Grandes Ligas.


Un evento inesperado cambió los planes del valenciano, quien se había mostrado dispuesto a participar con la selección de Venezuela.


“Yo estaba discutiendo contrato con Seattle. Llegamos a un acuerdo y me hicieron una prueba (resonancia magnética). A los dos días me llama el equipo para decirme que vaya al doctor, que me dijo que tenía el ligamento del codo roto. Me paré, no le dije nada y le dije a mi agente que hablara. No quería saber nada. Llegué a mi casa, lloré y llamé a mi mamá y a mis hermanos para desahogarme”, confesó quien estaba buscando un contrato largo y garantizado.


La opción que le dio el médico del club fue la de pasar por el quirófano, pero “Mi agente me decía que yo estaba bien, que todavía tenía dos años de contrato y que íbamos a buscar otras opiniones. Fuimos a Nueva York y a Los Ángeles, y el doctor Jones (médico de Anaheim) me abrió la mente. Me dijo: ‘Usted no sabe cuándo se le va a romper el ligamento. No le duele, ha pitchado muchos años’. No me dolía ni sentía nada”, reconoció.


Seattle le ofreció siete años, que perderían garantía de presentarse una lesión. Así que no firmó y advirtió que cumpliría los que le quedaba de contrato y se convertiría en agente libre.


“Salieron los resultados de un nuevo examen, no me dolía y Seattle decidió darme los siete años ($175 millones) y el dinero garantizado, pero si me lesionaba, el octavo año lo tenía que jugar por un millón. Les dije: ‘Tranquilos, no me voy a lesionar, porque estoy bien’. El equipo buscó otro doctor para el chequeo y me fui al Spring Training. Resulta que el doctor que me hizo la revisión, me agarró tanto y tan duro el codo que, llegué a la práctica, recién firmado y no podía tirar una pelota ni a dos metros. El dolor de codo que tenía era increíble”, reveló.


Fue un momento de frustración que lo llevó a ausentarse de la edición 2013 del Mundial que organiza MLB desde 2006.


“Me decía a mí mismo: ‘No puede ser. Si yo estaba bien’. En esas semanas estaba lanzando largo y tirando bullpen. Así que tomé la decisión de que no podía ir al Clásico. No fue por el equipo. No fue por el contrato que acababa de firmar. Ni fue por mi familia. Fue por mi salud. No iba a arriesgar mi carrera para jugar un torneo corto, con el futuro por delante”, aclaró quien lamenta los improperios que recibió de la opinión pública en aquella ocasión.


“Sabes cómo es la gente. Me dijeron tantas cosas por redes sociales. A mi mamá la metieron ahí, deseándole el mal […] Pero todo bien. Que Dios los perdone. Sé que hago todo lo posible por ponerme el uniforme de Venezuela. Con tantas herramientas y talento y, ¿no hemos ganado todavía?”, lamentó Hernández, miembro de la delegación venezolana en el clásico de 2017.


En Atlanta, Hernández reinicia su mandato. Dejó la “Corte” de Safeco Field para hacer una historia nueva, en busca de las 200 victorias y los 3000 ponches.


“El segundo aire va a estar. El “Rey” nunca se ha ido. El “Rey” siempre ha estado aquí y los fanáticos van a estar ahí […] Los tres mil ponches los tengo en mi mente desde que alcancé los 2500. Eso y los 200 ganados, son mis topes para entrar al Salón de la Fama, que es lo que he puesto en mi pensamiento. Quiero estar y en eso estamos trabajando”.


Le faltan 31 para las 200 y necesita 476 guillotinas para meterse en el selecto grupo de los 18 lanzadores con 3000 ponches. Así redondearía sus números, parecidos a los de Pedro Martínez o Curt Schilling. El dominicano ya entró y el estadounidense está cerca.


Ahora es que le queda brazo al “Rey”, y tiempo en su trono, para cubrir la ruta hacia el templo de los inmortales.

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