• Federico Rojas

“Ha tocado ser resiliente”

Updated: May 13, 2020

No solo sobresale por su estatura. Fue el primer portero venezolano en un Mundial FIFA. Orgulloso turenense, con varios sellos en el pasaporte y actualmente residenciado en Dinamarca, donde sobrelleva la cuarentena con cuanta actividad encuentra. Entrena, atiende asuntos profesionales y no pierde tiempo. Tanto así, que nos concedió minutos para revivir historias y hablar de estas semanas de incertidumbre.


Rafael Romo / Archivo Rafael Romo


A pesar del parón, la cuarentena lo tiene ocupado. Entre los quehaceres hogareños y sus rutinas de entrenamiento integral, Rafael Romo cumple con el aislamiento social en Dinamarca, donde reside junto a su familia, como ficha del Silkeborg de la primera división de aquel país, uno de los campeonatos que parece más preparado para el regreso a la competencia, una vez controlada la pandemia.


“Nos tomó por sorpresa y nos hemos tenido que adaptar. Ha tocado ser resiliente y sacar lo mejor. Aprovechar el momento con la familia, mantenerse enfocado, trabajando física y mentalmente. Cuando se pueda volver a la vida normal y el campo, van a ser cortos los tiempos que vamos a tener para prepararnos, así que lo principal es mantenerse listo”, cuenta el portugueseño.


Por estos días, los recuerdos abundan. En el caso del espigado guardameta, la memoria lo hace revisar el camino que ha transitado, con altos y bajos, y que ha sobrellevado en su búsqueda de estabilidad profesional.


“Los últimos años de continuidad me han dado la oportunidad de volver a un buen nivel. Si miro atrás y reflexiono creo que he acumulado mucha experiencia […] Lo difícil que fue en Italia. Sentir que ya no tenía la misma importancia. Había dado pasos agigantados. En dos años pasé de debutar en segunda división a un equipo (Udinese) de la Serie A italiana. Fue rápido, en corto tiempo y un salto de dimensión gigante”, analiza Romo sobre esa transición hacia el profesionalismo, que le presentó una difícil realidad.


Un camino rocoso que lo hizo aprender y que también lo llevó a lamentarse. El futbolista profesional no tiene tiempo para regalar.


“Creo que me afectó el hecho de haber dado ese salto a tan temprana edad, cambiar tanto la situación, porque venía de un equipo muy humilde de primera (Llaneros de Guanare), con poca infraestructura. Si bien intentaba hacer las cosas de la mejor manera, tenía muchas limitantes e iba a un equipo que se clasificaba a Europa. Esos años los pagué caro, porque no tuve continuidad y ese salto, para un jugador que se está formando y creciendo en su carrera, es muy importante. Italia me dio crecimiento y a la vez frustración”.


Reencontrar la senda de la regularidad solo tenía una opción fiable en ese momento. Volver al país para revalorizarse con minutos.


“Fue difícil volver a jugar, sobre todo para la posición de portero. Cuando regresé a Venezuela fue como comenzar de cero. Gracias a Dios tuve la oportunidad en Mineros, un equipo que me abrió las puertas y al que le tengo mucho cariño. Poco a poco retomé el nivel de antes de irme a Udinese”, afirmó.


Romo es de los que nació respirando fútbol. Como es sabido, su abuelo, Rafael, fue fundador del Atlético Turén y directivo del Portuguesa FC. Su padre, también Rafael, jugó en esos mismos equipos y su hermano José también se hizo profesional y jugó con el ‘Penta’.


“Vengo de una familia que tiene amor por el futbol y lo fueron transmitiendo de generación en generación. Ahora nos toca a José y a mí. De mi abuelo y mi papá puedo destacar esa pasión que nos inculcaron desde siempre”.


De ahí que haya dado sus primeros pasos, con historias inolvidables, en su tierra natal. Como el debut con Atlético Turén, en Copa Venezuela y encima contra el Portuguesa. Una reconocida rivalidad regional.


“Es una de las cosas más maravillosas que me ha tocado vivir. Cuando miras atrás y hay otra serie de acontecimientos tiendes a olvidar un poco eso, pero la sensación de muchacho fue magnifica. Poder jugar al frente de un estadio lleno. Si bien el Víctor Julio Ramos era pequeño, tenía un gran ambiente, frente a mi pueblo. Fue algo que me marcó positivamente porque además logramos esa victoria cuando nosotros estábamos en segunda y ellos en primera”, destacó quien, desde infantiles, ha seguido consejo de César Baena.


“Guacharaca es mi tutor. Fue el que me guio y formó, Le tengo gran aprecio. Mantenemos contacto y siempre escucho lo que tenga que decirme desde su experiencia”.


Así como Romo atesora esa primera etapa, también le da suma importancia a su pasantía por Mineros, con el que recuperó la confianza y el tiempo que no pudo aprovechar en Europa.


“Mineros es mi equipo en Venezuela. Es uno de los equipos donde más he disfrutado jugar por la calidad de los compañeros, por la idea de juego del profe Richard Páez disfrute mucho de esa temporada, se jugaba un fútbol vistoso y aparte se ganaba. Lo que todos buscamos, jugar bien y ganar”, rememoró.


Aunque la experiencia no resultó en el logro máximo, el de salir campeones con un equipazo y frente a un tremendo rival.


“Lamentablemente las cosas no fueron como esperábamos, aquella final que perdimos contra Zamora marcó mucho lo que fue mi etapa. No fue lo que esperamos. Tuvimos muchos contratiempos: Mi lesión (min.10), el gol de Juan (Falcón) en el minuto 5, el haber recibido un gol temprano (Pedro Ramírez), el autogol de Rafa Acosta. Tuvimos un primer partido para el olvido. Todo salió mal, Zamora logró una ventaja amplia, que solo usó para defenderse en Cachamay. Hicimos un partidazo y no nos alcanzó […] Me quedó la espina de que podíamos haber hecho algo más. Destaco todo lo que fue el camino”, consideró el llanero que, siendo juvenil, vio acercamientos de Caracas FC y Deportivo Táchira.


Luego de tres años en Puerto Ordaz, Romo regresó al Udinese. A diferencia de la primera vez, cuando tuvo al internacional esloveno Samir Handanovic por delante, ahora encontró competencia con el griego Orestis Karnezis. Aguantó una temporada, hasta que venció su contrato y se fue libre a Chipre, donde vivió dos buenas etapas en su reconexión con la competencia diaria.


“Pasé otro año en blanco en Udinese y se me presentó la oportunidad de ir al AEL, uno de los equipos más grandes de Chipre, que estaba buscando regresar a torneos internacionales. Venía de un par de años no muy buenos y la exigencia era al máximo desde el inicio. Tuve un comienzo lento por la falta de continuidad, pero con mucho trabajo comenzaron a salir los resultados, terminamos haciendo la temporada que esperábamos, clasificamos a la Europa League y el buen rendimiento me abrió la oportunidad de ir a APOEL, el equipo más grande, que lleva siete años seguidos siendo campeón, que ha jugado Champions y Europa League. Fueron dos etapas diferentes. Cuando llegué a APOEL, era una mentalidad diferente. Siempre salíamos a ganar. Es un grande de la isla, donde viví experiencias muy positivas”.



Romo y familia tras la coronación con APOEL


Entre su tiempo en el AEL Limassol y el APOEL Nicosia, con el que salió campeón de liga en 2019, Romo jugó en segunda y primera de Bélgica, para el Beerschot, en calidad de cedido.


“Fue una etapa muy bonita. Un equipo que hace un par de años se fue a la bancarrota y fue levantado por sus propios fans, con una mística fantástica, un estadio lleno, con 10 mil, 12 mil personas. Resurgió y ahora vuelve a estar en sus años de gloria. Disfruté mucho ese año, a pesar de que se nos escapó la final, en el último minuto, con un penalti que nos pitaron. Me hubiese gustado quedarme y poder seguir disfrutando de ese ambiente mágico que se vive. Ellos tenían la oportunidad de quedarse conmigo, pero económicamente no podían con las pretensiones de APOEL”, redondeó quien fue seleccionado como el mejor portero de ese campeonato.



Una huella con más de 10 años

Al dialogar con Rafael es inevitable preguntarle por Egipto 2009. Una marca única. Una vivencia incomparable, como primera vez y por cómo se labró aquella clasificación y participación mundialista, incluyendo el penal que le detuvo al colombiano Cristian Nazarith, en el 93’, para clasificar al Hexagonal.


Ese penalti me marcó. Fue importante por lo crítico del momento y la circunstancia. Dependíamos de esa situación. Siempre le doy gracias a Dios por ponerme ahí y haberme dado la capacidad de detenerlo. Fue un momento que nos dio un plus para la siguiente fase y nos llenó de más energía que necesitábamos para poder conseguir esa clasificación que merecíamos. Habíamos hecho un esfuerzo muy grande”, confesó quien también fue selección del estado Portuguesa.


El inolvidable estreno mundialista fue con Nigeria, potencia en categorías juveniles, dos veces subcampeona Mundial y que dos años antes se había consagrado campeona Mundial Sub-17. Así que, de entrada, tocaba bailar pegado.


“Todos estábamos ansiosos por disputar el partido. Soñábamos con ese primer himno en un mundial de fútbol para Venezuela. Sabíamos que era un rival que tenía mucha experiencia en ese tipo de torneos, que había sido el campeón del Sub-17 dos años antes, que era la camada que venía de ahí. Fue duro y lo sufrimos, pero habíamos trabajado la preparación física y táctica, pero haciéndonos fuertes mentalmente. Como país, debutamos con una victoria”, recuerda con orgullo Romo, quien también atajó con la Sub-15 y Sub-17.


La goleada a Tahití certificó la clasificación a octavos de final, pero el cierre frente a la España de César Azpilicueta, Dani Parejo, Ander Herrera, Jordi Alba, Sergio Asenjo, entre otros, no quedó una buena sensación.


“Con España no estuvimos nunca dentro del partido. Quizás la euforia de ya haber clasificado y el querer vivir los momentos siguientes nos pasó factura”, reconoció.


De ahí, a estar arriba contra la selección de los Emiratos Árabes Unidos, que de haberlo sacado adelante, habrían avanzado a la fase de los ocho mejores. Un partido que parecía controlado, se escapó por un par de distracciones.


“Ese partido lo guardo con una bronca interna tremenda, porque fuimos por él, sabíamos que éramos mejor equipo y podíamos avanzar y hacer un torneo incluso más importante del que habíamos hecho. Comenzamos ganando y dominándolo. Luego, en una pelota detenida nos empatan. Hasta los últimos minutos mi sensación era de que lo ganábamos, que marcábamos el gol”, sacó de su memoria Romo.


Pero a siete del final, Carlos Salazar no pudo resolver una pelota que parecía intrascendente sobre el lateral derecho, sus compañeros no pudieron cerrar y, en segundos, Romo estaba sacando el 1-2 del arco, que derrumbó la esperanza Vinotinto.


“Después de ese momento, vino la desesperación y la angustia. Sabíamos que se nos estaba escapando el torneo. Nos faltó experiencia en esos momentos, en saber afrontarlo. Quizá debíamos manejar mejor esa situación pero la experiencia ahí la pagamos. Terminamos eliminados con la selección que no era mejor que nosotros y que no había hecho mejor partido que nosotros, pero que aprovechó nuestros errores”, lamentó.


Y el camerino fue un velorio.


“Muy triste, mucha frustración. Se acababa una historia y un proceso muy bonito que habíamos vivido. Llegaba a su fin porque, a partir de ahí, todo iba a ser diferente para nosotros. Ese grupo no se iba a juntar nunca más y lo que ha pasado. Nos tenemos mucho cariño y estamos siempre en contacto, porque los momentos que vivimos, no solo en el Sudamericano y en el Mundial sino en la preparación, nos ha hecho compañeros de por vida”, manifestó emocionado.


Esa página dorada del deporte y fútbol venezolano no pierde valor. Hoy, cuando la vorágine del día a día hace que el pasado quede más lejos, Romo sigue realzando el significado de aquella Vinotinto mundialista.


“Me lleno de orgullo y melancolía. Fueron momentos muy bonitos, con un grupo muy especial que se preparó muy bien y luego pudo conseguir lo que muchos otros habían intentado. Fue un primer paso importante para nuestro fútbol, que nos marcó. Luego han venido generaciones de jóvenes, que han logrado ir a otro Mundial e incluso hecho mejor papel”.


El tema Mundial también le resulta cercano a Romo, porque con la Absoluta estuvo en capítulos históricos de eliminatorias y otras participaciones, por la confianza de César Farías.


Uno de esos pasajes fue cuando debutó en un amistoso contra Costa Rica e, inmediatamente, en competencia oficial, en el histórico primer triunfo de la selección mayor en La Paz, por las clasificatorias al Mundial de Sudáfrica 2010. Esa actuación estaba ligada a la doble convocatoria del cuerpo técnico, para afrontar los dos partidos de turno. Primero en la capital boliviana y cuatro días más tarde con Uruguay, en Cachamay, con los efectivos principales del proceso.


“Estaba muy nervioso. El profe César me había dado la oportunidad, porque tenía en los planes que yo fuera el portero suplente en La Paz, en ese partido de eliminatoria que era crucial para las aspiraciones que teníamos de ir al Mundial. Jugué el primer tiempo y en el segundo fui sustituido por Leo (Morales), que iba a ser el titular en La Paz. Desafortunadamente, Leo sufrió una fractura en un brazo y eso me dio la oportunidad de jugar el partido histórico que ganamos”, dijo quien días antes había jugado un amistoso informal con la selección de Siria, en Puerto La Cruz.


Romo vivió la mezcla generacional de aquellos años con Farías, en la que figuraron jugadores de dicho ciclo, futbolistas de la era Páez y los juveniles mundialistas promocionados, así que confía en la conjunción de la diversidad actual.


“Tenemos un grupo muy bueno, que se sigue mezclando. Se conjugan jugadores de esa camada Sub-20 subcampeona del mundo y los jugadores que venían siendo referentes y dando resultados. Hay mucho talento, con la capacidad y oportunidad de llevar a Venezuela a su primer Mundial de mayores”.


Más allá de extrañar “el compartir con los compañeros, el día a día, el esforzarte al máximo para llegar bien al fin de semana”, pasa el tiempo y Romo lo aprovecha al máximo posible. Además de sus rutinas para volver a la competencia en buen estado de forma, atiende un compromiso con sus raíces.


“Atlético Turén fue mi escuela. Hay personas dedicadas cien por ciento a los niños y jóvenes para que busquen un futuro a través del fútbol […] Hoy en día solo funcionan las categorías menores. El equipo no cuenta con los recursos necesarios para competir a nivel profesional. Gracias a Dios, en los últimos años he tenido compañeros de causa que me han ayudado a darles un trato digno y organizado a las categorías menores, como mi amigo Walter Donello, una gran persona que está a cargo de la academia. Sigo aportándole, estando al tanto de lo que está aconteciendo, aconsejando y, aunque no tanto como en otros años, también en lo económico. Ojalá pronto podamos juntar otros colaboradores, para volver al fútbol profesional”.


La cuarentena no desactivó a Romo. Sigue comprometido para corresponder y mantener vigencia en la alta competencia.

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