• Federico Rojas

Parece menos cuesta arriba

Updated: Jan 3, 2020

Cambió el fixture y se ve muy parejo el recorrido hacia el próximo mundial FIFA de mayores. En 2020 se disputarán ocho jornadas (cuatro fechas doble) con la Copa América después de los primeros dos compromisos. Distinto de los cinco procesos previos, para Venezuela el calendario no luce tan enrrollado.



Fixture Vinotinto / Prensa Selección Venezolana de Fútbol


El cierre de 2019 trajo consigo los sorteos de las competencias internacionales más inmediatas que organizará Conmebol, incluido el evento para descubrir el calendario de las eliminatorias hacia la copa del mundo FIFA Catar 2022, que presentaría novedades, producto de un nuevo sistema empleado por la dirección de competiciones de selecciones del ente sudamericano, con bolillas diferenciadas para Argentina y Brasil, con el fin de evitar que se cruzaran contra el mismo rival en una doble fecha.


Sin embargo, el consejo de Conmebol se reunió y decidió que todas las selecciones debían ser sorteadas en igualdad de condiciones. Y entonces, salió un calendario bien aleatorio y, aparentemente, más equilibrado para todos.


Centramos en Venezuela y cuánto varió su fixture, respecto de los cinco procesos previos. Las clasificatorias que transitó la Vinotinto desde el boom, y en el que hubo picos altos y bajos.


Primero, durante cuatro eliminatorias consecutivas, la selección tuvo que abrir contra Ecuador, en los 2850 m s.n.m. de Quito, seguido de Argentina que, sea dónde sea, representa una tremenda dificultad para cualquiera. Y luego había que cerrar cada vuelta contra Brasil, y allá en la última jornada. El cerro que había que subir para llegar a un mundial era, además de rocoso por las propias limitaciones del #FutVe, de pronunciada pendiente.

Y lo que arrojó el recorrido de la selección, en cuanto a resultados, fueron rachas – con hechos históricos - y no mucho más. Lo más sobresaliente fue el inicio hacia Brasil 2014, porque las otras veces que hizo su movida, ya estaba corriendo desde atrás, con la necesidad de recuperar puntos perdidos en casa y de ganar afuera varias veces para alcanzar esos 25 y hasta más, que se deben acumular para estar en la discusión.


Solo una vez, durante estas cinco eliminatorias, la selección ganó en el estreno. La del memorable misil de Rey en el Atahualpa. Primera victoria venezolana en la capital ecuatoriana.


Las peores vueltas fueron las primeras del camino a Corea y Japón 2002 con Richard Páez, y para Rusia 2018, con Sanvicente.


En el medio hubo buenas corridas, como la explosión hacia Alemania 2006, desde el flechazo de Arango en Barranquilla, el Centenariazo y otra victoria sobre Bolivia. Logros en fechas seguidas.


Y en la campaña previa, también con el doctor, una valiosa segunda vuelta para la cita asiática, con cuatro triunfos al hilo que promovieron el nivel de convicción, también aprovechado y trabajado por Farías quien, más adelante, condujo aquella revuelta hacia Sudáfrica 2010, con una primera ronda de 11 puntos (seis con Páez al comando), que terminó con el combinado nacional a dos unidades de Uruguay, a la postre clasificada al Mundial por superar una accesible repesca con Costa Rica.


Muy cerca estuvimos de ir, con Arango, Rey, Rincón, Maldonado, Seijas, Lucena, Miku, Vizcarrondo y Maestrico, entre los principales, haciéndose fuertes en casa.


Salomón pasaba de juvenil a adulto. Estaba Rosales. Asomaban Romo, Sema Velásquez, Flores, Peña, Acosta y Salazar. Pupilos de Farías en la primera Sub-20 mundialista.


De esa racha, es inevitable recordar la doble convocatoria y el primer triunfo, sobre los 3600 m s.n.m. de La Paz, contra la Bolivia de “Platiní” Sánchez, que le había metido seis a la Argentina de Maradona en la doble fecha anterior, además de la efectividad y autoría como locales. Solo que los puntos dejados en Puerto Ordaz con Uruguay y Paraguay pesaron demasiado.


La carretera hacia Brasil comenzó despejada, dado el nivel de confianza y determinación de un grupo que parecía inspirado por la histórica campaña que realizaron en la Copa América Argentina 2011.


Habían sacado ocho de los primeros 15 puntos, con la primera victoria de la historia frente a Argentina, otra versus Bolivia, dejando el arco en cero también, aparte del recordado empate en Barranquilla, con el mano a mano que le ganó Frank Feltscher a Ospina. Un arranque prometedor.


Después vino el bache, comenzó a faltar el gol y no pudieron ganar de visitante. Costó levantarse del revés con Chile, en Puerto La Cruz, y ni en Lima, ni en Asunción, dónde hay que sacar algo para sostenerse en el top 5, pudieron sumar.


La estocada final fue de Cavani en Puerto Ordaz. Otra vez un traspié con Uruguay en el mismo lugar que cuatro años antes. Otra vez valía seis puntos.


Y de ahí, el desgaste de la relación Farías/FVF, su irrevocable renuncia, el vacío de casi un año sin seleccionador, Sanvicente y las internas al descubierto, principalmente por la disputa entre jugadores y dirigentes.


Posterior a todo ese sancocho, en las clasificatorias para Rusia, después de perder con Chile en Barinas, Laureano González y Sanvicente arreglaron la desvinculación y el presidente de la federación propuso y oficializó a Dudamel.


Con tan solo dos puntos en la primera vuelta hacia Rusia, las posibilidades eran casi nulas. Aquella necesitada primera victoria, con goleada a Bolivia (recién en la fecha 11) terminó de iniciar el ciclo, que ya había tenido bautismo con la Copa América Centenario.


Luego, la selección, en medio de una transición que ha involucrado a varios subcampeones mundiales Sub-20, trabajó para siete de 21 puntos posibles, complicó la clasificación de Perú, Colombia, Argentina y sacó de carrera a Paraguay con el cabezazo que metió Yangel en Asunción.


Para la venidera eliminatoria, que iniciará a finales de marzo 2020, el equipo que representará al país debutará en Colombia, con todo lo que ello implica. La paridad propia de la rivalidad regional, acentuada en los últimos 20 años, además de la relación cercana de Dudamel con el país vecino.


Luego con Paraguay, en Mérida, antes de la interrupción por la Copa América Argentina-Colombia.

Como siempre, se planifica en función de la doble fecha. La convocatoria, el momento de los jugadores, los rivales, las necesidades, la logística…


La segunda reunión implica confrontar a la campeona de América, Brasil. Y después de la armada de Tite, tocará recibir a Chile.


En octubre de 2020, habrá una obligación como anfitriones de Ecuador, previo a medir fuerzas con el combativo seleccionado de Perú.


Y el año se cerrará en Bolivia y de locales con Uruguay.

Para ese entonces, 10 o 12 puntos de 24, serían negocio. Pero la calculadora en una eliminatoria tan impredecible, no sirve de nada. De aquí hasta allá, habrá corrido mucha agua debajo del puente.

Antes de cualquier cálculo y/o pensamiento, pongamos los pies sobre la tierra.


Como venezolanos, no olvidemos que nuestro fútbol no acumula tantas historias gloriosas como para exigirle de forma desmedida. Los procesos de eliminatoria han sido de continuo sufrimiento y desilusiones. Seguimos sin una estructura estable. Recordemos que el sistema de selecciones no siempre fue cuidado o atendido con dedicación. De allí que aquel ascenso a la colina sea más empinado aun. Nada que no sepamos.


Tenemos que mirarnos en un espejo y evitar comparaciones con las otras selecciones que viven su propio contexto, tan complejo como el nuestro. Hay que empezar por ser realistas, porque no nos sobra. Terminemos de concientizarlo, dejemos de ser nuestro propio enemigo y tengamos Fe, que hay talento, un proceso que va arrojando expresiones de evolución, a la par de un compromiso que debemos acompañar.


En la eliminatoria sudamericana, cada punto cuenta. Por cómo quedó armado el nuevo calendario, parece menos cuesta arriba que los anteriores, para hacer los números que hacen falta. Otra invitación a desafiar la historia.


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