• Federico Rojas

Perozo: "Debe ser un seleccionador que conozca el medio"

Updated: Jan 18, 2020

Visitamos la pretemporada que realiza Atlético Venezuela en Buenos Aires y conversamos con Grenddy Perozo, su capitán. El club caraqueño, con licencia Conmebol, apunta alto, con el marabino como referente principal. Hablamos de su carrera, el club, de lo que podría venir en el futuro próximo, de la selección y su inclinación por un entrenador criollo para suceder a Dudamel.


Grenddy Perozo / Prensa Atlético Venezuela @oduberhd


A sus 33 años, Grenddy Perozo es uno de esos futbolistas que jerarquiza la raza vinotinto. Por lo que vivió en una carrera que ya acumula dos décadas y por lo que sigue representando con, más allá de la vigencia física, una fortaleza mental que lo ha llevado a competir por grandes cosas. Y hoy, en Atlético Venezuela, encuentra desafíos de alta exigencia. Reconoce el progreso del #FutVe y se siente capaz de volver a defender al país con la selección.


El zuliano, que inició su carrera en la ciudad de Valera, se sabe de memoria lo que fueron los años previos a esa oportunidad que lo encarrilaba hacia el profesionalismo.


Como infante y adolescente, “Estaba en Maracaibo. Tuve la fortuna de crecer en un sector humilde llamado “Los Haticos”, y había una escuela de fútbol en el barrio. Mis hermanos más grandes jugaban, el de enfrente también y de pequeño me llevaron allá”, cuenta quien prefería jugar de delantero y en cualquier otra posición menos de defensor hasta que, más adelante, un profesor lo paró de central por su habilidad para quitar pelotas.


“Tuve dos entrenadores que jugaron a nivel profesional, hasta segunda división. José Martínez y Osleidy Solarte. Pocos tienen entrenadores que de verdad hayan jugado. Y además sus hermanos también. Era una familia, y todos jugaron. Fue positivo, porque mis primeros contactos con la pelota fueron bien adaptados. Ellos ya sabían. Tenían buena escuela”, continuó el zaguero.


Solo que como buen zuliano, de pequeño le tocó jugar pelota. Que es cómo se le dice popularmente al béisbol en Venezuela.


“Mi padre y mi hermano me llevaron a jugar. Lo practiqué, pero me aburrí. No me llamaba la atención como el fútbol. Jugué tres meses y le dije a mi papá que no me llevara más”, respondió.


Aunque “El béisbol igual me encanta. Cuando puedo lo juego por diversión. Era normal. Como maracucho nacido, me daban un bate y un guante. Antes era lo primero que se hacía. Ahora, eso cambió”.


Entonces creció y se propuso meterse de lleno al fútbol. Tenía un objetivo claro.


“El punto que marcó mi vida fue cuando en Maracaibo estaba el Atlético Zulia, y estaban McIntosh, Ruberth Morán, “Pájaro” Vera y casi toda la selección ahí. En ese momento Atlético Zulia y Estudiantes de Mérida jugaron una final y el estadio estaba a reventar, el viejo ‘Pachencho’”, describió Perozo.


Por ese histórico equipo del serbio Ratomir Dujkovic también pasaron Juan García, Manuel Sanhouse, Wilfredo Alvarado, Gaby Urdaneta, José Luis Dolgetta, Dudamel, entre otros. Fueron a Libertadores en el 98.


“Bajé con unas entradas y me la firmaron algunos jugadores. Ahí fue cuando dije que me quería dedicar a esto. Y también mi primo Meider Chourio fue al proceso Sub-17 con Lino Alonso y casi van al mundial. Lo seguimos desde casa y ahí también dije: ‘Yo tengo que ir a la selección. Ya estaba a nivel nacional y si él pudo, ¿por qué yo no lo puedo hacer?’. Quería superarlos y ser el capitán y así seguir creciendo. Tuve la fortuna de estar rodeado de todos ellos. Fueron la motivación que me animó a dedicarme”.


Durante aquellos años, a las selecciones Sub-17 y Sub-20 no se les atendía debidamente y faltaba la norma del juvenil en primera y su impacto en los representativos nacionales.


“En ese momento la selección no estaba tan organizada. Faltaba mucho. El talento siempre estuvo. Si las preparaciones de atrás, como la mía, hubiesen tenido lo que se necesita, sin duda, habríamos llegado a otros mundiales antes y el crecimiento del jugador venezolano habría sido otro, pero nunca es tarde. Se está haciendo y hay que aplaudirlo, porque se tiene que seguir haciendo para demostrar que el futbolista venezolano puede crecer a corta edad.


Inclusive el tema de la regla fue un acierto fundamental, porque estaba el talento, estaba todo, pero no había el roce con el jugador profesional, el jugador grande. Como Soteldo, cuando fue a la Sub-20 ya había jugado Libertadores y bastantes minutos en primera”, argumentó Perozo.


Entonces, le llegó el primer gran paso. La oportunidad de despegar como profesional.


“Me tocó un momento decisivo de mi carrera, cuando salgo de bachillerato e hice todo el papeleo para entrar a la Universidad. Me salió “Química pura” en la Universidad del Zulia (LUZ) y justo me llama César (Farías) para decirme que había una oportunidad en el Trujillanos de 1era división”, detalló quien también defendió los colores de Olimpo de Bahía Blanca y Boyaca Chicó en la primera división de Argentina y Colombia, respectivamente.


Para cualquier jugador del #FutVe, el principio suele ser difícil. Depende del contexto en el que esté involucrado, pero a casi todo el que se formó y surgió en el país, le cuesta consolidarse y marcar diferencia.


Y con Perozo no fue la excepción.


“Fue duro, al comienzo. Por suerte ya había ido a proceso de selección y no fue que salí por primera vez de mi casa. Ya había estado con la Sub-17 y sabía lo que era estar solo. Eso me ayudó bastante y me hizo fuerte, pero fue durísimo. Encima no cobramos los primeros seis meses, y cobrábamos era casi nada. Pero con mi ilusión por jugar, no pensaba en la plata”, reveló quien debutó al tercer partido de la temporada y luego no paró.


Como juvenil, Perozo vivió en una casa club, donde comía, a veces dos comidas al día nada más y hacía los descansos correspondientes. En esa época “Era más difícil que un chamo jugara. Pero estaba decidido y como seguí con la Sub-17 me mantuve bien firme. Teníamos la mentalidad fuerte y sabíamos que nuestro fútbol iba a crecer. Ahora hay equipos que tienen casa club, alimentación y hasta ponen a los chamos a estudiar”, reflexionó.


Más adelante, en 2007, jugaría con mayor peso en su espalda y viendo minutos, con el Deportivo Táchira en Libertadores, bajo la instrucción de Manuel Plasencia. Allí tenía 20 años.


“Táchira fue para mí un impulso a temprana edad. Para después ir a la selección y disputarme los lugares. Lo tengo en un rincón de mi corazón y espero volver en algún momento antes de retirarme”, declaró mientras se preparaba para continuar una jornada más de pretemporada en Buenos Aires.


Ya como futbolista hecho, pasó por Francia, con el Ajaccio. Allí le tocó jugar contra grandes como el PSG. Una vez retransmitimos un partido de copa en DirecTV Sports, en el que se enfrentaron y el criollo estaba fajado con los reconocidos atacantes del equipo que, en ese tiempo, era conducido por Laurent Blanc.


“Fue una de las mejores experiencias de mi vida, haber ido a Francia, enfrentarme al PSG, donde ya estaban sus grandes figuras, Thiago Silva, David Luiz, Lucas Moura, Matuidi, Cavani, que ya lo conocía de la eliminatoria. La diferencia era abismal, pero no nos fue mal. El juego fue casi que un trabajo táctico de ataque contra defensa. Todos replegados en el área, tratando de aguantar pero eran una máquina, nos atacaban por todos lados, nos tiraban centros desde todas partes. Lo siguen demostrando en la liga de Francia, donde sacan mucha diferencia. Fueron experiencias muy lindas”, rememora el zaguero.


Desde la memoria también describe cómo era vivir ese fútbol de élite.


“Es un ambiente muy agradable, los estadios siempre están llenos, hay cultura, los estados son de primer nivel hasta los de los equipos pequeños, hay organización, el ambiente previo es increíble. Es una de las cinco mejores ligas del mundo, porque rodean al fútbol. Me acuerdo cuando entré al ‘Parque de los Príncipes’, por liga contra el PSG, y parecía una obra de teatro. La cancha parecía de mentira. Estaba tan perfecto todo. El escenario, el protocolo. La gente esperando un show”.


Durante su trayecto, el defensor anduvo más acontecido, con capítulos especiales vestido de Vinotinto. Momentos memorables que, el venezolano que es futbolero, tiene tatuado en su mente.

Fue uno de los habituales, en el equipo alternativo que armó César Farías para lograr la primera victoria en La Paz y por la eliminatoria para Sudáfrica 2010.


“Ese momento de felicidad después del pitazo final lloramos y nos veíamos a la cara. Solo pensé que valió la pena todo el esfuerzo. Me acuerdo que estuvimos como 25 días entrenando. Arrancamos en Mérida, luego pasamos a Ecuador y así fuimos hasta llegar a La Paz. Lo que corrimos y entrenamos para ese partido fue una pretemporada. Era doble turno, encerrados en el páramo, 10, 15 días, el tema de medir la oxigenación, atentos a cada detalle con la alimentación y con (Fabián) Bazán (el PF) y todo lo que tomamos en cuenta para sacar el resultado y para quienes no creían en nosotros. Creyeron que íbamos con ese equipo y nos íbamos a comer cinco. Valió la pena, porque hicimos historia”, desarrolló quien para ese entonces era jugador del Deportivo Anzoátegui, al que había llegado con Farías también.


Para esa ocasión sí existía la regla y para aquella expedición a los 3625 metros sobre el nivel del mar, asistieron varios jugadores de la primera selección Sub-20 mundialista, que se habían proyectado desde la aplicación de la norma del juvenil.


“Tenía a ‘Sema’ Velásquez al lado, ‘Minino’ Flores adelante, Romo en el arco, era casi que la camada de la Sub-20 con siete grandes y nadie creía que íbamos a sacar ese resultado. Teníamos todo eso en contra, y al lograrlo fue una explosión de felicidad y de orgullo, por haber aportado a lo que eran esas eliminatorias”, recuerda quien conoció a Farías en 1996 y luego lo tuvo cerca, cuando el entrenador se mudó con el Nueva Cádiz a la capital zuliana.


Transcurrieron un par de años hasta que llegó otra jornada histórica, cuando estando aporreado, porque había sufrido un golpe y corte contra Ecuador, y con el partido abajo ante Paraguay, en tiempo añadido, Perozo se tiró de cabeza para terminar una pelota que había peinado Renny Vega en el primer palo y que derivó en el 3-3 (estábamos 1-3) y la clasificación a cuartos de final.


“Pasaron casi diez años y me lo recuerda la gente cada vez como si hubiese sido ayer. El momento fue increíble. Mi primera reacción es ganas de llorar cuando veo el video. Por lo que pasó, por cómo se dio. Yo no iba a jugar ese partido, porque tenía seis puntos en la cabeza y me preguntaron que si estaba para jugar. Les dije: ‘Claro que estoy’”.


“Tenía la frente y un ojo hinchado, pero no me quería salir y mira el regalo que me dejó Dios y el fútbol me lo demuestra. Pero no solo yo, sino todo el grupo porque perdiendo 1-3, y en ese momento faltando dos minutos, por ahí otro equipo se entrega y nosotros, si algo tuvimos en esa copa, fue que íbamos hasta el final todos. Éramos un grupo excelente, que se armó con armonía y también tuvimos mucha preparación”, profundizó el ‘Káiser’, apodo que le inventó el amigo Jorge Pulido y luego lo bautizó el narrador Richard Méndez.


Ese grupo contaba con varios líderes. Diversos, porque cada uno era distinto. Farías, la cabeza. Arango y Rey, los referentes del vestuario.


“César era el líder de todo. Pero después había otros pilares. El caso de Juan, incluso Rey que casi no participó y creo que fue importante por todo ese recorrido en la selección y que tuvo un papel secundario y no le afectó. Todo su recorrido y el estar ahí desde el banco, no desentonó, sus palabras siempre fueron de apoyo. Fue duro pero él lo tomo de una manera que es rescatable”.


Cada uno lideraba a su manera, ¿no?


“Juan no era de mucho hablar. Su liderazgo era dentro de la cancha, como diciéndonos: ‘Vengan conmigo’. Rey si era de hablar más, de dar consejo, sobre todo, antes de los partidos. Ya tenía toda la experiencia de haber jugado tantas copas. Y César, demostrándonos desde el primer partido, cuando le empatamos a Brasil, desde ahí, de irse a pelear con Neymar, que ya no éramos unos ingenuos. Que fuimos a que nos respeten. El jugador notó que no íbamos a regalarle nada a nadie, fuimos a luchar desde lo nuestro para dar pasos que nos hicieran crecer. Esa copa fue fundamental. Queríamos jugar los seis partidos”.


Después de la copa, la selección mantuvo la línea y con el grupo más asentado trasladaron la misma dinámica a la eliminatoria para Brasil 2014, con el aliciente de que no habría que disputar seis puntos con la selección anfitriona.


“Nos reunimos para la eliminatoria y era la misma energía. Se arranca ganándole a Argentina, ya teníamos el coraje adquirido de la copa y salimos a darle con todo. A cada convocatoria llegábamos con las ganas de vernos, de saludarnos, de compartir, porque el buen ambiente es fundamental, más cuando los tiempos no dan mucho. Se va mucho en viajar, adaptarnos al huso horario, movernos, y no tanto en trabajar. El estar en la misma sintonía es fundamental”.


Perozo cuenta lo especial que es sentir el significado de la selección. Se altera cuando la ve desde afuera y no descarta tener otra oportunidad.


“Es difícil desde afuera, peor que jugando, porque estando adentro puedes aportar. De afuera se sufre y a veces prefiero no verlo, porque me sudan las manos y mi esposa me dice que me suben los nervios. Capaz que no lo sentía tanto cuando jugaba”, reconoció.


“A la selección no se le dice que no. El que vivió y estuvo en proceso de selección sabe que puedes estar en un club, en un equipo top, pero cuando llegas a la selección, es tu país. Ese sentimiento no lo compra ningún equipo ni dinero. No tiene precio. Es indescriptible. Los partidos de eliminatoria. No he jugado Champions pero, por otros compañeros, sé que el nivel de selección es otra cosa. Ojala tenga la oportunidad de volver y sino estaré agradecido por los momentos vividos”, exclamó.


Hoy, la selección cambió su realidad, al menos en lo deportivo, porque se pudo ordenar para competir, más allá de la inestabilidad fuera de la cancha. Pasó la renuncia masiva de jugadores en 2015, se plancharon los pleitos durante el ciclo Dudamel y también resurgieron, pero sin futbolistas involucrados en el nuevo conflicto.


Ahora le corresponde a la federación elegir un entrenador y Perozo considera que el material sigue estando en casa, porque “Sin duda que hubo progreso, el trabajo que hizo Rafael Dudamel fue de mucho crecimiento. Es un técnico venezolano y hay que darle continuidad a ese tema. Ojalá sea un técnico venezolano, que creo que tenemos y el momento se presta para que lleve a la selección.


Se han juntado generaciones y creo que hace falta un (DT) que conozca bien al equipo. No hay tiempo ni para amistosos ni para preparar, le toca a los jugadores estar listos en sus equipos y debe ser un seleccionador que conozca bien el medio y la calidad de jugadores que tenemos ahora. Son internacionales todos y eso es un plus. Eso no lo tuvimos cuando comencé, luego en la otra etapa si, casi todos éramos internacionales. Hoy la mayoría de nuestros jugadores disputan ligas importantes, son figura y reconocidos. Con un técnico de firmeza, que explote la capacidad de estos jugadores, vamos a disputar nuestro lugar. Tenemos que soñar para lograr esa clasificación”, ahondó.


Y el fixture nuevo también invita.


“Lo estuvimos analizando cuando salió. Antes eran dos partidos de entrada en los que nos jugábamos la vida, pero que era difícil sumar y, de por sí, nuestra eliminatoria no es fácil. Ahora este cambio de calendario nos da para poner la mentalidad de arrancar con buen pie. Ojalá se concrete pronto quien va a ser el técnico para que se estabilice un poco la gente. Ahora se habla mucho de eso, ahora la gente opina y tiene la inquietud”, continuó.


Hoy en día Perozo tiene la cabeza en Atlético Venezuela, el equipo que dirige Henry Meléndez, pupilo de José Hernández y Noel Sanvicente.


Tiene Fe de que van a crecer, atravesar dificultades y competir por algo importante.

“Se está preparando un grupo de jugadores con bastante recorrido que se mezcla con juventud. Tenía tiempo que un equipo venezolano no venía a prepararse a Argentina, para probarnos con el verdadero nivel que nos exige la competencia internacional, porque estamos pensando en ir más allá de un equipo normal. De amalgamar las piezas, porque es un grupo casi nuevo. Estamos en la onda de prepararnos bien, sumando trabajo día a día para cohesionar rápidamente y estar sólidos desde el comienzo”.


Perozo cree en el proyecto y reconoce que será un camino extenso.


“Es un torneo largo, ya que han cambiado el formato. A la larga esperamos estar peleando arriba. No me queda duda de que vamos a competir y pelear por copas internacionales. Se han sumado piezas. Jugadores que han estado en equipos y competencias grandes más la juventud que tiene el plantel. A lo largo de estos años, este equipo ha mantenido una solidez en lo económico y en lo estructural, teniendo su sede. Hay que consolidar todo eso con lo deportivo, llegando a competencias internacionales y peleando un torneo”, concretó.


La remodelación del Brígido Iriarte acentúa el renovado proceso.


“Recuerdo que me tocó jugar de local con Táchira, cuando estaban arreglando Pueblo Nuevo. Es un estadio que se siente y tiene su mística. Es lindo que lo están recuperando y va a ser nuestra casa. Desde lo deportivo, ganando y sumando gente e hinchada, esperamos ver el Brígido lleno”.


Grenddy Perozo es de palabra autorizada. En el fútbol venezolano es reconocido por una intachable carrera, a la que todavía le quedan vivencias, porque está entero y los retos como el de Atlético Venezuela lo invitan a seguir con la misma ambición y voluntad que tuvo cuando despegó.

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