• Federico Rojas

Quiebre inoportuno

Updated: Jan 7, 2020

Las internas y una oferta de Atlético Mineiro empujaron la salida de Rafael Dudamel como seleccionador nacional de Venezuela, a tres meses de la eliminatoria para Catar 2022. Lamentable, porque el equipo nacional parecía armado para competir y buscar el objetivo prestablecido. Un año con corriente de alto voltaje y la seducción del club brasileño propició el final del ciclo antes de lo pensado.

Laureano González y Rafael Dudamel



Una vez, un conocido personaje ligado a la FVF me dijo: “Cuando empezó a sonar que Dudamel podía ser el sustituto de Sanvicente, algunos (federativos) comentaron: ‘No dejemos que se monte el cabezón, que después no lo saca nadie’”.


El cabezón es Rafael Dudamel, quien terminó reemplazando a ‘Chita’, por determinación de Laureano González y el apoyo de Jesús Berardinelli.


A casi cuatro años de aquello, llegó el final del entrenador en la absoluta con un sorpresivo desenlace, pese a que resultó menos dramático de lo que esperaba. Esto, considerando las internas que tuvo el seleccionador con parte de la dirigencia de la FVF.


En el cierre de ciclo, todo pasó muy rápido. De la foto con González, el 17 de diciembre en el sorteo de las eliminatorias, a la carta pública en la que el entrenador comunicó su renuncia, algo que ya había hecho a principio de 2019, después de la victoria sobre Argentina, en Madrid.


Vayamos directo a la serie de eventos que cambió el curso del preparador que llegó al cargo en abril de 2016.


Anteriormente, en fedevene.com hablamos de los temas delicados que generaron roces entre Dudamel, el vicepresidente Jesús Berardinelli y parte de la directiva. Entre ellos había diálogo. Una relación laboral que funcionaba. Al menos desde que comenzó el ciclo y hasta el inicio de 2019.


En esa primera parte, el DT y los federativos se habían sabido conjugar para apaciguar el pésimo clima que había derivado en una renuncia masiva de jugadores durante el periodo de Sanvicente, en plena eliminatoria para el mundial de Rusia, en la que los resultados adversos fueron consecuencia de aquella misma tormenta institucional.


Terminándose ese proceso premundialista, en el seno de la selección no existían tensiones. Los directivos seguían acompañando el proceso, avalado por los resultados que se habían logrado en la gestión, contando el éxito con la Sub-20 y el provechoso cierre de eliminatoria con la absoluta.


Pero de pronto hubo un quiebre. Comenzaba 2019 y lo primero en agenda era el Sudamericano Sub-20 de Chile. Se había terminado el contrato con Adidas (con una demanda en el medio), por lo que había expectativa respecto a la nueva indumentaria, y mucho más en lo deportivo, dado que Venezuela llegaba como subcampeona del mundo y tenía el equipo armadito para competir a fondo.


Durante el torneo, el DT y el vicepresidente se sacaron chispas. Era normal que discutieran asuntos extradeportivos, concernientes a la logística de la selección y los recursos. El tema político también pesó, porque el país estaba agitado y hubo capítulos como el de la confusión en ‘El Teniente’ de Rancagua, que trascendió lo deportivo y le trajo un sobrepeso al universo Vinotinto.


Con el asunto Givova, se sacaron los trapitos todo el año, porque la empresa italiana no estaba cumpliendo lo acordado. Sin embargo, la relación se mantenía, no tan estrecha como antes, pero había comunicación y se estaban entendiendo.


Después vino la debacle. Tras una campaña histórica (1era de grupo más un empate con Uruguay y una victoria sobre Brasil para comenzar el Hexagonal), la Sub-20 se cayó y no hubo mundial. Tremenda decepción. Un resultado que no cayó bien y dejó un golpe que costó superar. Al menos, eso es lo que interpreto de todo lo recabado.


Con el correr de los meses, la injerencia del gobierno se fue notando más. Han querido la exclusividad como patrocinador, pero esos recursos se ven y otras veces no. Parece un sistema desordenado. No se percibe transparencia.


En marzo, para el partido con Argentina en Madrid, se acentuaron los choques entre Dudamel y la dirigencia. Nueva discusión por la ropa y la logística. Las canchas de entrenamiento eran distantes de la concentración y en eso el entrenador era muy estricto.


Y luego se pudrió con las fotos de la intimidad y una nueva vinculación política, que se convirtió en un escándalo de redes sociales y la renuncia que, posteriormente, González le rechazó al ex guardameta.


A mitad de año llegó la Copa América de Brasil. Y esta vez, la distancia fue más notoria. Al llegar a Porto Alegre, se presentó un nuevo problema con los equipos de Givova, unos recursos económicos y parte de la organización. Y los directivos alegaban que el técnico estaba asumiendo responsabilidades fuera del campo que no le correspondían. Evidentemente, la turbulencia no había cesado.


Un dirigente que prefirió el anonimato me dijo: “Montó una mafia en la FVF. Llegó con una mano adelante, y la otra, atrás. Después quiso mandar más que el que lo empleó. Además, hizo negocios con los jugadores”.


En FVF aseguran que el técnico cobraba comisiones por traspasos de jugadores y convocatorias. Y cuándo averiguamos de qué se trataban esas acusaciones, no conseguimos las pruebas. Tendremos que seguir indagando. Si hubo historias turbias en estos años, con el tiempo las descubriremos. Por ahora, sigue siendo un cuento mocho.


A esto le añadimos que, según sostienen en FVF, el ex entrenador de la juvenil “le prohibió a representantes que dejaran ir a sus jugadores al preolímpico, con la amenaza de que no les convocaría más”, declaró un dirigente anónimo.


No pude conectar con todos los involucrados, pero sí con varios que me desmintieron esta acusación y explicaron que sus representados no han podido sumarse a la Sub-23, porque sus clubes no los liberan.


A todo esto, de vuelta a la Copa América, los jugadores se mantenían concentrados y en su mundo, pero al tanto de lo que estaba pasando entre el entrenador y federativos.


Luego de la eliminación en el Maracaná con Argentina, el clima fue como el de Rancagua, a principio de año. Evitándose y con caras largas. Se cruzaban, pero la comunicación era cada vez más corta y seca.


En lo que quedó de año, pasaron cuatro amistosos y los conflictos que contamos en https://www.fedevene.com/post/a-catar-se-llega-sumando, aunado a la renuncia pública de Josef Martínez, por diferencias con Dudamel. Nuevo alboroto alrededor del equipo nacional.


Cada uno de los capítulos que se vivieron en las últimas tres fechas FIFA, terminaron de desgastar la relación. E incluso hubo una denuncia y casi proceso judicial.


A mediados de septiembre empezaron a correr rumores de redes sociales. Que iban a botar al DT, que estaban eligiendo a un entrenador del fútbol nacional o el interinato de Bonaccorso. Que iban a renunciar más jugadores. Humo puro.


En todo este tiempo, Dudamel recibió llamados y fue pretendido por clubes colombianos, pero su idea era la de seguir el camino con la selección a largo plazo.


Misterio e incertidumbre

Cuando comenzó diciembre, Dudamel sostuvo un encuentro con representantes de Empresas Polar y habían adelantado un proyecto de cara a lo que viene. Días más tarde llegó el sorteo de las eliminatorias. Y durante esas horas, el ex seleccionador recibió la licencia de entrenadores nivel PRO de la confederación sudamericana.


Al conocer los rivales, el entrenador y sus colaboradores comenzaron a planificar. Quedaron que después de jugar con Colombia en Barranquilla, se irían a Mérida para debutar de local con Paraguay. A 10 días del fin de año, el foco era la selección y nada más.


Entonces apareció Atlético Mineiro y, a través de un intermediario, le acercó una oferta. El club brasileño estaba buscando al sucesor de Wagner Mancini(contrato vencía 31/12) y había sondeado a Juan Carlos Osorio y realizado una oferta a Jorge Sampaoli, que este habría rechazado.


Dudamel se aisló del mundo Vinotinto y valoró el ofrecimiento. Recibí información desde Brasil y comencé las averiguaciones. Había data cruzada y secretismo. Un misterio. Lo que hacía todo más sospechoso.


De la situación de la selección puertas adentro, lo primero que supe fue que el cuerpo técnico pasó un año sin cobrar viáticos y lo correspondiente a la Copa América.


Además, el entrenador no tenía contrato firmado con FVF. Fue un acuerdo de palabra concretado en Barinas con el presidente, en 2016, y finalizado con una comunicación telefónica, el pasado 2 de enero. González, sucesor de Esquivel, se había tomado una licencia y desde hace más de un año se habla sobre su retiro del cargo. Esto también fue empujando la salida del preparador técnico. Al presagiar que tendría que continuar el tira y encoje con el vicepresidente.


Solo Dudamel sabía la decisión que había tomado. Muy propia. Apartándose del foco selección y de lo que se había planificado. ¿Fue egoísta?, Sí. El futbolista y el entrenador viven pendiente de esas oportunidades individuales y la que se le presentó fue muy atractiva.


Pero más allá de lo tentadora que podía ser, lo que le ofreció el club de Belo Horizonte fue el empujón que lo llevó a apartarse. Había pasado un año incómodo por los asuntos extradeportivos.


Aun así, me sorprende que se haya rendido. Sé que vive el fútbol con intensidad y le duele la selección. Viví su proceso y conozco las formas internas y una metodología que ha dejado resultados constructivos. Creí que tenía la fuerza y paciencia para seguir encabezando un plan que quedó en promesa.


Siempre lo noté convencido de lo que había que hacer para competir y buscar el ansiado mundial de mayores. Entiendo que somos humanos y que no soportó más las condiciones que cambiaron. Perdió el poder de acción que tuvo en la primera mitad de su gestión.


El cuerpo técnico saliente siempre sostuvo que, en cualquier momento, se terminaba su etapa en la absoluta. No porque ellos quisieran, sino porque sabían que el futuro no dependía de lo que pudieran lograr.


Me consta que todos sus ayudantes están enguayabados. No imaginaron que este sería el momento de dejar al equipo nacional. No se la vieron venir. Uno de ellos me dijo que pudieron haber aguantado, pero que habían sido demasiados los malos ratos puertas adentro con algunos dirigentes.


Y los jugadores, contrariados. No se han pronunciado públicamente. Salomón habló con él, pero entiendo que no encontró certeza. Rincón estaba sorprendido. Los más jóvenes también.


Se brindaron de lleno por el técnico y la idea. Lograron una compenetración que daba para pensar en la fortaleza grupal como el punto de partida. Ese factor esencial que no se consigue tan fácil. Menos cuando se combinan tantas generaciones.


Dudamel se fue, por un proyecto que profesionalmente es tremendo desafío, junto con sus colaboradores, teniendo copa regional de Minas Gerais, Copa Sudamericana y el Brasileirao por delante.


Deja a la selección en una posición de crecimiento y perfilada para pelearla, aunque en la opinión pública hay quién le discute las formas de juego empleadas. A su vez, la deja guindando, porque solo faltan tres meses para el comienzo de las eliminatorias.


¿Y ahora?, ¿Maradona?, ¡NI EN BROMA!.


Me dijeron: "Olvidate de eso". ¿Daniel Farías?, Laureano desactivó el rumor y aparentemente tiene otros planes. ¿Richard Páez?, hasta ahora no hubo contacto ni intención por parte de la plana mayor de FVF.


¿Quién reúne los requisitos, por experiencia y capacidades, por conocer el #FutVe, por sintonía con el universo de jugadores?, ¿Cuán viable puede ser contratar a un entrenador extranjero?. Aseguran que no hay recursos suficientes. Como siempre, el presupuesto condiciona.


La pelota está en FVF. Tendrá que decidir con responsabilidad y acorde al potencial que tiene nuestra selección. No es para tomárselo liviano.


Dudamel pasó y dejó su marca. Quedan los jugadores, en quiénes creemos por su compromiso y las demostradas capacidades. El que llegue, encontrará un importante grupo base, debería darle continuidad al natural proceso y dejar su impronta, pero también tendrá que ajustarse, porque en la federación no le van a dar cuerda, ni el poder que alguna vez Dudamel tuvo.

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