• Federico Rojas

Ricardo Martins: “Me gusta tener el control del juego”

Updated: Apr 21, 2020

Como cualquier venezolano del oriente, Ricardo Martins se delata con el acento. Vive por el fútbol, al que atacó en 2006, cuando hizo una expedición al país de sus padres, para buscar la forma de hacerse jugador profesional. 14 años después, es un profesional consolidado, que ha vivido jornadas memorables y pasado momentos difíciles, por lo que tiene anécdotas para contar. Así que lo invitamos a la ‘Zona de juego’ y amablemente nos atendió.


Ricardo Martins con Portugal Sub-21 / Foto: Archivo Ricardo Martins


Su historia es conocida y, a su vez, curiosa. No es común que un jugador formado en el fútbol portugués acepte una propuesta del fútbol venezolano. Menos a sus 23 años y tras haber defendido a la selección Sub-21 del país europeo meses atrás.


Pero la casa llama y los buenos sacrificios suponen una valiosa gratificación.


“Volví a Venezuela porque mi sueño era jugar Copa Libertadores y Sudamericana. Lo veía de niño. Se presentó esa oportunidad y más en el equipo de mi tierra. Se juntó todo y regresé”, cuenta Ricardo Cardoso Martins, quien respira fútbol desde muy pequeño, por la afición de su familia lusitana.


Cuando tenía 16 años, al salir del bachillerato en su natal El Tigre, Martins no encontró donde mostrar su talento, por lo que se fue al país de nacimiento de sus padres, para probar suerte.


“En 2006 terminé el liceo y en Venezuela no había chance a esa edad. Decidí con mi papá que tenía que ir a probarme. Y así estuve. Dos semanas en Río Ave. Mi papá habló con los directivos y les dijo que fueran sinceros, sobre si me iban a dar un contrato y al noveno día se reunieron para arreglar”, revela el mediocampista oriental.


Solo que, desde el entorno de Martins, el acuerdo fue retrasado, porque apareció un desafío que no podía desaprovechar. “Demoramos la firma, porque tenía una prueba en el Porto. Pero no me adapté. Era muy fuerte y no llegué bien preparado. Además que la temporada ya estaba andando”, reconoció.


Un par de días más tarde, Martins firmó con Río Ave por cinco años. Dos como juvenil y tres como profesional. La aventura había tomado forma. Con el tiempo se aclimató y, con algunos partidos, encontró soltura en su juego.


“Todo pasó muy rápido. Llegué en agosto y entrené hasta diciembre, que era cuando me podían fichar para jugar Sub-18. Después de dos o tres partidos, me llevaron de una a la Sub-20 del club”, detalló “Kuki”, apodado así por su tío Manuel, cuando era un infante.


Del tiro llegó una llamada inesperada.


“Habían pasado varios juegos con la Sub-20, siendo yo Sub-18, y al final de un entreno me llamó el coordinador del Río Ave, para preguntarme si estaba interesado en jugar con la selección de Portugal. Recibimos el fax y me quedé sorprendido. Me llené de orgullo. En tan poco tiempo me estaban llamando. Así que decidí jugar por la selección. Todo ese año fui a amistosos, porque no había competencia oficial. Más adelante me llamaron a la Sub-21, cuando me estaba yendo bien en segunda B, con el Ribeirão”.


El tiempo corrió y venció su último contrato, así que empezó a barajar opciones, entre ellas una muy tentadora desde Venezuela. Allí prevaleció el sentimiento patrio y volvió a su tierra para defender los colores del Deportivo Anzoátegui, donde brilló, cumplió metas como la de competir contra los mejores del continente y también vivió momentos tormentosos, como una lesión de rodilla y las deudas que arrastró continuamente la institución deportiva.


“En el Anzoátegui viví una grandísima etapa, con todos los entrenadores. No fue fácil, pero me ayudó a crecer mucho. En todos los años que estuve, siempre hubo una gran familia. Era difícil ganarnos. Podíamos jugar contra cualquiera”.


Para ‘Kuki’, el nivel más apreciable del equipo de Puerto La Cruz, se vio bajo la dirección técnica de uno de los ídolos históricos de la Vinotinto.


“Con Juvencio Betancourt teníamos un equipazo. Con (José Luis) Dolguetta fue una transición. Con Ruberth Morán daba gusto. Fue cuando sentí que practicamos el mejor fútbol. Sentía que siempre teníamos el control del partido. Contra Caracas, Táchira y cualquiera. Teníamos la pelota, fuimos casi invencibles en casa y de visitante no cambiamos. Él(Ruberth) es de Mérida. Allá gusta el balón en el pie y eso nos lo inculcó”, resaltó.


Hasta que los incumplimientos de la dirigencia terminaron de romper la armonía.


“Cualquier jugador que iba, no se quería ir, pero pasaba lo extradeportivo que era lo del pago, con el que hubo mucho problema. Algunas etapas fueron tranquilas y otras no tanto. Con el cambio de dueño (Carlos Silva) se prometieron cosas nuevas. Trajeron a (Nicolás) Larcamón y empezamos bien, pero fue una ilusión que duró poco. Llegó un momento que me cansé y decidí dar un paso al costado. Ya estaba agotado psicológicamente”.


A Martins le quedó un sentimiento dividido, por lo que sucedió al final de su etapa con el conjunto aurirojo.


“A veces parece que abusan de la confianza del jugador. Le di bastante al equipo. Dentro y fuera de la cancha. Siempre voy a estar agradecido con la institución, pero no con los dueños”, aclaró el tigrense que quedó colgado porque le adeudaban y todavía tenía que seguir seis meses hasta el fin del vínculo, salvo que rompiera el pacto.


“Como no me habían pagado, rescindimos el contrato. Salió en las noticias y después de mi buen Apertura, tuve llamadas de nueve o diez equipos. Tomé la mejor decisión. De irme al Caracas, una institución seria en todos los sentidos. Necesitaba estabilidad y Caracas es el equipo con más títulos. Algo que uno siempre valora”.


El rojo y Martins fueron encontrando afinidad. Progresivamente, los resultados conllevarían a un título semestral y a importantes jornadas en copas internacionales.


“Me costó adaptarme, porque el juego que yo sentí que me hacía bien no se estaba dando, que era más que todo tener la pelota y sacarla limpia de atrás. En los primeros años, que nos metíamos en el octogonal, siempre nos faltaba una puntica de suerte. En los partidos decisivos cometimos errores que pagamos caro”.


Más tarde, el volante de creación se reencontró con su mejor versión, a la par de la mejora colectiva del cuadro capitalino.


“’Chita’ es un profesor que trabaja bastante. Saca lo mejor de ti. El equipo dependía mucho de mí. Sentía que si yo jugaba bien, al equipo le iba a ir bien. Siempre me ha gustado tener el control del juego y ser participativo con la pelota. Hacer buen fútbol. No me gusta jugar al pelotazo. Prefiero tener calma y crear jugadas. Eso era lo que trataba de hacer. Con la calidad de los muchachos y el gran equipo que teníamos. Era eso y las herramientas que nos daba ‘Chita’, que eran valiosas. Me metí en la cabeza que tenía que ser muy participativo”, reflexionó.


Por esa influencia, Martins y el Caracas estuvieron cerca de jugar la fase de grupos de la Libertadores y tuvieron la oportunidad de competir por un cupo en los cuartos de final de la Sudamericana.


“Las cosas se estaban dando. En 2019 pudimos llegar más lejos. Estuvimos a punto de avanzar en la Libertadores. Hicimos grandísimos partidos, como con Melgar, que siempre estuvimos encima. 1-0 y 2-0. Por errores, nos hicieron el 2-1 terminando el partido. Merecíamos más. Derrotamos a grandes equipos”.


Los números le alcanzaron al Caracas FC para recalar en la Sudamericana. Se cruzaron y superaron al Liverpool uruguayo para meterse en octavos de final (vs. Independiente del Valle), pero sin Martins, que tuvo que salir en el partido de vuelta con los charrúas, porque se había roto el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.


“Fue muy difícil para mí y para mi familia. Me pegó bastante. No quería hablar con nadie. Los primeros días fueron de asimilar la lesión. Que es cuando dices: ‘Cómo me puede pasar otra vez y en este momento?”, recordó quien había sufrido la misma lesión pero en la otra rodilla, durante el partido de ida de la final Anzoátegui-Zamora, del Apertura 2016, luego de un choque con Pedro Ramírez.


En esta oportunidad Martins, que tenía ofertas para volver a jugar fuera del país, tuvo la resiliencia para rehabilitarse más rápido que en 2016.


“Con el pasar de los días lo vas sobrellevando con la familia y con el club, que me ayudó bastante. Dios sabe por qué hace las cosas. Luego me metí en la cabeza recuperarme haciendo lo mismo que hice la primera vez y así fue como lo superé”, describió quien terminó de sanar en Portugal.


Durante su tiempo en el Caracas, Martins participó en una Libertadores, dos Sudamericana e integró el plantel que ganó el Clausura 2019 y el campeonato Absoluto frente a Estudiantes de Mérida.


La circunstancia cambió el panorama. Cumplió su pacto con el club de la Cota 905 y tuvo que volver a empezar. Aparecieron pretendientes y en poco tiempo estampó su firma para continuar en el #FutVe, en un equipo con grandes aspiraciones.


“Cuando regresé de Portugal, Atlético Venezuela se acercó, pero yo seguía siendo jugador del Caracas, hasta diciembre. Tenía que respetar mi contrato. Me presentaron un proyecto ambicioso, con grandísimos jugadores que han llegado y me llamó muchísimo la atención. Estoy de cuerpo y alma en el Atlético, para ayudarlo a crecer y ojalá meternos en una copa internacional”, afirmó.


Ya son siete años, desde que Martins regresó para mostrar sus grandes cualidades y el sentimiento de pertenencia con el #FutVe y su país.


“Todo el camino de volver a Venezuela y jugar, ha sido muy bonito. Hoy en día, haría lo mismo que en 2013. No me arrepiento. Es algo que he vivido intensamente”, cerró.

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