• Federico Rojas

Sigue faltando cabeza

Updated: Nov 9, 2020

Para los representantes venezolanos, los torneos internacionales resultan muy cuesta arriba. Decir presente y despedirse al primer intento sigue siendo una constante. En menos de un mes, los cuatro equipos que fueron a la Sudamericana, se quedaron fuera. Solo Caracas y Estudiantes, en la Libertadores, tienen la posibilidad de progresar y lavarle la cara al balompié criollo, escaso de historias positivas en los campeonatos que el mundo del fútbol mira.


Richard Blanco tras la eliminación con Sportivo Luqueño / Foto: EFE


Transita el calendario de competencia internacional y, por Venezuela, hubo poco para rescatar. Al menos en lo que va de primer semestre.


Otro curso más, sin que el fútbol venezolano sea notorio puertas afuera. Las eliminaciones del Aragua, Mineros, Llaneros y Zamora de Copa Sudamericana se traducen en un paso atrás, porque no quedó representante alguno (al igual que Bolivia) en el torneo realmente accesible para los equipos del país y porque, con un poquito más de esfuerzo, habrían sumado una importante cifra económica ($375.000 más y, por llegar a 8vos, $1.1 millones / 150% más que hace cinco años) para costearse la temporada y trabajar en función de lo que viene atrás. Claro, omitiendo a Llaneros, cuya gerencia dejó en evidencia su mal manejo administrativo.


En cuatro semanas, el #FutVe perdió más de la mitad de presencia en el concierto internacional. Porque la Sudamericana tiene más cupos y porque el éxito es más probable en esta competición que en la Libertadores, a la que asisten los más poderosos de Conmebol.


Con Coquimbo Unido (Chile), Aragua, que se presentaba por segunda vez en este certamen, se desdibujó unos minutos en la ida y se le fue la eliminatoria. Se cayó cuando concedió el 0-1, pasada la hora de partido y el rival aprovechó para llevarse un 3-0 para la vuelta, jugada en el Olímpico de Caracas, y con una versión más combativa del equipo de ‘Kike’ García. Saliendo desde Homero Calderón y con las novedades de Diego García y el espigado Guillermo Fernández para buscar la remontada.


Con un gol tempranero, casi reanimaban la ilusión. El cuadro chileno aguantó y salió de contragolpe hasta que Moisés Acuña se fue expulsado, al principio del segundo tiempo. Entonces, se emparejó la dinámica del partido, así como se picó, con cruces que derivaron en dos expulsiones del visitante. Concluyó con un triunfo aragüeño y, a su vez, la eliminación.


Mineros, por su parte, en la Sudamericana por séptima vez y tercera consecutiva, permitió que Sportivo Luqueño (Paraguay) le convirtiera tres veces en Cachamay, aunque Richard Blanco dejó la eliminatoria abierta con doblete (el 1-2 y el 2-3).


De pronto, en la vuelta y después de sufrir en el inicio, el equipo conducido técnicamente por Richard Páez estaba ganando 2-0 en quince minutos, con el ‘Avioncito’ enchufado de nuevo, en su juego vertical. Habían volteado el global frente al desconcertado conjunto de Celso Ayala, que luego se recompuso, ganando por las bandas y aprovechando la pelota quieta, para despedir al negriazul.


La última esperanza estaba en manos del Zamora, en el comienzo de ciclo de José Manuel Rey en el banquillo. Fue victoria 1-0 en la ida vs. Plaza Colonia (Uruguay). Hizo falta mayor diferencia, porque en Montevideo no hubo forma y los uruguayos crecieron desde Waller.


Por los de Barinas, poco de Pedro Ramírez en la generación. Y del colombiano Rodríguez, en lo que a vértigo se refiere. Arteaga no pesó.


Finalmente Llaneros, que no compitió. Bastante hizo Quilagury, para que sus pupilos pusieran la cara, después del lamentable descenso por una irresponsabilidad gerencial. El Liverpool uruguayo lo despachó con global de 7-0. Esto no se puede repetir. Bastante se habló de la licencia de clubes, como para que un representativo de FVF quede tan expuesto como el ‘Batallón Santo’ esta vez.


Para rescatar la imagen quedan Caracas y Estudiantes que, por ahora, se mostraron más voluntariosos, en el inicio de la Libertadores. Los de Sanvicente se renovaron, respecto del equipo que se coronó en 2019. Salieron Baroja, Quijada, Martins, Arrieta y Saggiomo, gran parte de la columna del rojo. Y el académico casi no cambió, salvo por la polémica salida del "Pulga" Gómez y posteriormente de Luis Castillo. Por ahora, tanto capitalinos como merideños dependen de sí mismos.


Notoriedad esporádica

A principios del siglo XXI y a finales de los años 90, los equipos venezolanos entraban a la Libertadores desde un filtro preliminar. La mayoría se quedaba en la puerta de la fase de grupos, como le pasó a Caracas, Deportivo Táchira, Nacional Táchira, la Universidad de Los Andes, Atlético Zulia, Trujillanos, el extinto Italchacao y Estudiantes de Mérida que, en 1999, superó aquella primera etapa y luego alcanzó los cuartos de final, cayendo 3-4 (victoria 3-0 en la ida) con Cerro Porteño, en una inolvidable historia en la que Richard Páez comandó a un grupo que tuvo a Ruberth Morán, Jorge Alberto Rojas, José de Jesús ‘Chuy’ Vera, Luis Vallenilla Pacheco, Miguel ‘Pochito’ Echenausi, Javier Villafraz, Leonel Vielma, José Luis Dolgetta y el argentino Martín Brignani, durante plena explosión Vinotinto.


Desde aquella vez, el primero en anunciar su rebeldía frente a la historia fue el Deportivo Táchira de César Farías que, en 2004, se metió hasta los cuartos de final de la Libertadores de forma invicta. Empató con River en el estreno, en Pueblo Nuevo y después se mantuvo fuerte de local, ganó en Tolima y metió empate con goles, frente al equipo de Leo Astrada, en el Monumental, para sacar los números que lo pusieron en octavos, fase en la que goleó a Nacional de Montevideo y se le plantó en el sur.


Hasta que se encontró con Sao Paulo, en la etapa de los ocho mejores, y el equipo de Luis Fabiano (Goleador del torneo), Rogerio Ceni, Grafite y compañía, fue demasiado. El tricolor paulista caería en semifinales con Once Caldas, a la postre campeón.


No se olvida el penal que detuvo Sanhouse en el debut con Libertad o lo que metían el ‘Patón’, Vielma y Kloker. La movida de Bidoglio y Beraza en el medio y los momentos del ‘Pequeño’ Rondón y de Panigutti como finalizadores.


Al año siguiente, tanto Táchira como Caracas terminaron últimos en sus respectivos grupos. El aurinegro debutó con victoria sobre el brasileño Santo André, pero luego cayó en los cinco duelos siguientes. Al final de esa temporada, Farías fue cesanteado por diferencias con la dirigencia. Dos años más tarde se convertiría en el seleccionador nacional de la absoluta.


Los de Sanvicente, que mantenían una sólida plantilla, no pudieron sumar afuera y solo dejaron buenas versiones con Alianza Lima. El buen Banfield de Falcioni y el Tigres de la UANL (México), con varias figuras de renombre, fueron mucho para los capitalinos.


“Nos faltó una mejor preparación, porque los jugadores de jerarquía y calidad los había. Banfield estaba muy bien armado. El mismo Santos Laguna (en 2004). Equipos armados para jugar y trascender en la Libertadores. Con Alianza Lima se ganó en casa. Fuimos superiores, incluso en Perú. Recuerdo claramente que salimos ganando 1-0 y en un córner a favor, me quedó un rebote y le pegué al arco. En ese momento, un defensor nuestro se peleaba con uno de ellos en el área y terminaron anulando el gol y expulsando a ese jugador. Con ese gol colocábamos el partido 2-0. Al ser anulado, a la postre terminamos perdiéndolo”, reseña en 'Zona de juego' David McIntosh, histórico del #FutVe y de aquel Caracas, rememorando la roja que vio Vizcarrondo en el cierre del primer tiempo, aunque los peruanos también quedaron con uno menos al comienzo del complemento.


Luego, en 2007, los ‘Rojos del Ávila’ superaron la zona de grupos, la vez de los dos triunfos, sonoros, contra River Plate, en Buenos Aires y en Cúcuta (Conmebol alegó que el Brígido Iriarte no reunía los requisitos de aforo y el club eligió esa localidad colombiana para jugar ese y el partido con Colo Colo), con un equipazo que desarrolló y dirigió Sanvicente. Un grupo pleno de jerarquía, en el que estaban José Manuel Rey, el ‘Zurdo’ Rojas, Luis ‘Pájaro’ Vera, Alejandro ‘Lobito’ Guerra, Oswaldo Vizcarrondo, César ‘Maestrico’ González, Franklin Lucena y los colombianos Iván ‘Champeta’ Velásquez y Wilson ‘Pájaro’ Carpintero.


En la ronda de los mejores 16, Caracas le dio pelea al Santos durante los 180 minutos, pero Zé Roberto había arruinado la ida, ahora en el Olímpico. La vuelta, en Vila Belmiro, fue una colina muy empinada.


Dos años más tarde, en la edición 50 de la Libertadores, el club capitalino mejoró lo de 2007. Empezaron perdiendo con Everton, en Viña del Mar. Luego sumaron hasta terminar primeros del grupo que completaban Lanús y Chivas de Guadalajara.


Como líderes de su zona cerraron, de local, la eliminatoria con el Deportivo Cuenca, propinándole un 4-0 para redondear global de 5-2. En ese equipo, la estabilidad la brindaban Rey, el acertado Deivis Barone y Franklin Lucena, mientras que la generación de juego provenía de Darío Figueroa y Jesús ‘Pulga’ Gómez, y el vértigo aparecía desde las corridas de Emilio ‘El Venado’ Rentería y Zamir Valoyes.


En cuartos de final, el rojo se encontró con otro brasileño: Gremio de Porto Alegre, subcampeón del Brasileirao, invicto en ocho presentaciones y finalista de la copa dos años atrás.


Un gol de Fabio Santos en la capital venezolana, le bastó al club del sur de Brasil para sacar a la franquicia que, para ese entonces, había participado en nueve ediciones del torneo de clubes más importante de América.


En el tiempo posterior fuimos testigos de campañas para el olvido. Caracas, Táchira, Deportivo Italia, Deportivo Lara y Deportivo Anzoátegui, terminaron, sus respectivas participaciones, en el sótano de sus grupos.


No hay mucho más para subrayar. Está claro que nuestro fútbol sobrevive puertas adentro y el margen que diferencia el nivel competitivo de la Liga FutVe y la competencia internacional sigue siendo más grande que el de los países que compiten a fondo cada año, así como el de los países vecinos, que tienen torneos y falencias parecidas a las del circuito criollo.


¿Cómo es que representativos de Colombia y Ecuador sí sacan, con mayor frecuencia, resultados afuera y se meten en instancias definitorias? Otra interrogante que surge desde cómo se comportaron los equipos venezolanos en estos años.


No basta con inspiración y talento

Este repaso, de lo que ha sido el recorrido de los equipos venezolanos en copas internacionales, es más de lo mismo. En cuanto al juego, no hay tanto crecimiento como el que podría darse, con ese talento que siempre estuvo. La competitividad toca su techo. Nos cansamos de atestiguar cómo las costuras quedan al descubierto, en el plano internacional. La brecha entre la exigencia doméstica y el juego internacional, se agranda.


No hay que hacer mayor esfuerzo, para encontrar los casos trascendentales de los representativos venezolanos en Libertadores y Sudamericana, en años recientes.


“Con toda certeza y sin excusa, estamos lejos del nivel internacional. No por falta de trabajo ni de material humano”, reflexionó Evelio Hernández, quien jugó copas internacionales con Táchira, Zamora, Deportivo Italia (y Deportivo Petare), Deportivo Anzoátegui, Caracas FC yZulia FC.


Algunos momentos de Caracas y Táchira, así como la histórica temporada de Sudamericana 2019 que hizo el Zulia de Stifano, fue lo más llamativo del último lustro.


La nueva década comenzó con la misma inconsistencia y escasez de argumentos de los años pasados. Nada cambia. Más allá del tema de la licencia y de las iniciativas propias de equipos de primera, que buscan convertirse en clubes, más el trabajo serio de base que hacen varios, el fútbol venezolano, en la fiesta internacional, no trasciende.


Siempre que llego a este punto me pregunto dónde está el problema principal. ¿Se está planificando debidamente?, ¿Hace falta más gente de fútbol en la gerencia?, ¿Qué le falta al jugador?, ¿Qué aporta y qué deben los preparadores?, entre otras incógnitas.


Para equipo venezolano alguno, más allá de todas las variables, el éxito está condicionado por la inspiración del grupo de atletas, porque el fútbol está hecho por los jugadores. Por supuesto que, el acompañamiento dirigencial, es fundamental. Los partidos empiezan afuera. Desde los esfuerzos de los administradores y desde los encargados de la preparación deportiva.


En tiempo reciente volvió a notarse que, más allá del convencimiento o raza futbolera, si no se juntan todos los factores, no sale.


Por Libertadores, el último hecho notorio fue de Táchira, en 2016, cuando superó la instancia grupal, arrastrando trabajo de procesos anteriores y haciéndose fuerte en San Cristóbal.


“Hicimos muy buena copa. Le ganamos a los tres en Pueblo Nuevo con carácter y personalidad. Nos plantamos y fuimos justos vencedores. Nos metimos a octavos contra un rival muy fuerte. No perdimos ni un partido de local, entre copa y liga. Teníamos un equipo que se ordenaba y defendía bien. Hubo puntos altos individualmente. Empezando por José (Contreras) en el arco, Wilker Ángel (vendido meses después), (Carlos) Cermeño estuvo bien. Todos. Aparte que Carlos (Maldonado) sabe manejar los grupos muy bien. Un tipo tan ganador, con tanta experiencia. Nos llegó y nos hicimos fuertes. Por eso trascendimos”, destacó Francisco ‘Minino’ Flores, componente esencial de aquel aurinegro.


Aunque la progresión tuvo su origen más allá de la impronta de Maldonado.


“Carlos sabía cómo manejar cada partido. Nos pedía orden. Nos defendíamos muy bien, pero además, veníamos con un rodaje de tres años con Daniel Farías y nos conocíamos bastante bien. El equipo no se tocó. Hubo pocas llegadas y pocas salidas de jugadores. Se mantuvo la misma base que venía de ser campeón en 2015 y de jugar la Libertadores anterior, en la que dejamos afuera a Cerro Porteño para llegar a la fase de grupos”.


Y en octavos con Pumas (México), no hubo forma. “Tuvimos oportunidades con contragolpes, para clasificar, y de local también con una de (José Miguel) Reyes, pero no pudimos. Ellos fueron muy fuertes. En la libertadores ninguno es fácil”, aseguró el que fuera capitán de la primera Vinotinto Sub-20 mundialista.


Contreras, el guardavalla que atajó en siete de los ocho partidos que hizo el carrusel en esa copa, también destaca el nivel del plantel y su continuidad.


“Tuvimos jugadores de mucha calidad. Teníamos una muy buena defensa con Yuber Mosquera, Wilker Ángel, (Carlos) Lujano y Pablo Camacho. Adelante teníamos experiencia con (Edgar Pérez) Greco, “Barranca” Herrera, “El zurdo”. Juntamos jugadores que a nivel internacional tenían un roce importante y eso nos ayudó muchísimo. Daniel Farías había dejado una buena base que había jugado junta y cuando llegó el profe Carlos nos fortalecimos defensivamente”, dijo el golero nacido en Guasdualito.


Y en cuanto a la Sudamericana, también hay poco para destacar. La primera buena vez fue en 2016, cuando el Deportivo La Guaira llegó hasta octavos de final, con Saragó en el banquillo y un grupo armadito en el que figuraban ‘Paky’ Lucena, Valoyes, el ‘Cenizo’ Granados, Vicente Suanno, Arquímedes Figuera, y un jovencito Darwin González.


Más llamativo aun fueron las campañas del Caracas en 2018 y 2019, así como el batacazo del Zulia, alcanzando los cuartos de final.


La franquicia que ganó nueve veces el campeonato absoluto del país clasificó, a la edición de 2018, como subcampeón del torneo Apertura 2017. Con el valor del gol visitante, despacharon al Everton chileno, luego fueron mucho más que Sport Huancayo de Perú, pero en octavos se cruzaron con Atlético Paranaense y en el Olímpico no consiguieron solución, encajaron dos goles y, en Brasil, la respuesta fue demasiado tardía.


"En Chile fue un partido que planteamos bien. En Barquisimeto que fue donde jugamos ellos fueron superiores pero no les alcanzó. Con Huancayo, en altura y una cancha difícil, nos pusimos las pilas después del gol que nos hicieron [...] Contra Paranaense perdimos la eliminatoria en Caracas porque no dimos lo mejor de nosotros. Creo que teníamos que arriesgar más", explicó Ricardo Martins.


En 2019, el Caracas pasó a Delfín pero no le consiguió la vuelta a Melgar de Perú, en las primeras rondas de Libertadores. Igual, los números le dieron para resultar trasferido a la segunda fase de la Sudamericana.


"Estuvimos a punto de meternos en fase de grupos de la Libertadores. Perdimos en Arequipa 2-0, vinieron a Caracas e hicimos un gran partido, siempre encima de ellos, nos pusimos 1-0, el 2-0 y por errores nos hicieron el 2-1 terminando. Estuvimos cerquita", reflexionó 'Kuki' Martins.


Dieron vuelta la eliminatoria con Liverpool, apurados y con lo justo, pero se toparon con Independiente del Valle, crecido en su impresionante proyecto, aparte que los de ‘Chita’ extrañaron a uno de sus creativos principales, Ricardo ‘Kuki’ Martins, quien se había roto el ligamento anterior cruzado de su rodilla izquierda, en la serie con los uruguayos.


“Crecimos como jugadores y club. Necesitamos la mentalidad de que no somos inferiores a los demás”, recalcó en 'Zona de juego' Robert Hernández, el atacante del Caracas que ha jugado copas internacionales casi continuamente desde 2013.


En tanto que Zulia se presentó ante el continente. Con lo justo y Leo Morales en plan estelar, la oncena marabina dejó a Nacional Potosí afuera, después de una pobrísima tanda de penales. Eliminó bien al Palestino chileno, y por un gol del hondureño Brayan Moya, en Perú, sacaron de carrera a Sporting Cristal, para clasificarse a la zona de los mejores ocho. Instancia en la que le hizo eliminatoria a Colón de Santa Fe, otro que también había crecido con el roce de la contienda.


“Lo del Zulia fue aislado, viéndolo desde adentro. Nos encontramos un primer partido que, si bien se trabajó mucho y el técnico también, salió en la última (gol de Moya el 90+2). Contamos con un poco de suerte. Lo logramos luego de unas semanas que estuvimos sin luz”, recordó Evelio Hernández, capitán del cuadro de Maracaibo, ciudad en la que hubo una extensa y prolongada falla eléctrica durante esa época, que afectó todas las actividades de la región.


Para el mediocampista de San Felipe “hubo un plus: (De local) jugábamos a las cuatro de la tarde (hora de calor y humedad pico) y, además, Stifano sabe manejar los ida y vuelta. Tomamos los puntos clave, el grupo sabía lo que se jugaba y estaba con hambre (de gloria)”, agregó.


Con el cuadro argentino, que no andaba bien en su torneo doméstico, en la ida fue 1-0. Poquito para lo que significaría jugar en el “Cementerio de los elefantes”, 15 días más tarde.


“Siempre le comentaba a los muchachos que, para ganar algo, los planetas se tenían que alinear y, se alinearon un poco. Había muchos chamos que se querían ir a jugar afuera. Fue una mezcla del hambre de sobresalir para que los vieran afuera y la necesidad que había en la ciudad. No era un buen momento para vivir en Maracaibo. El jugador es el que sufría. Esas semanas enteras sin luz, pensé en irme a mi casa. Ya desde que fuímos a Potosí, nos parecía Mónaco, porque estábamos saliendo de esa oscuridad”, exclamó Hernández.


Lo de Caracas fue distinto. Llegó dos veces consecutivas a 8vos de final y no pudo emparejar el nivel ni con Atlético Paranaense ni con Independiente del Valle. Más allá de buenos pasajes de fútbol, al equipo de ‘Chita’ le faltó convencimiento.


“Pasó mucho por el tema psicológico. Tenemos que creer que un club de cualquier país le puede ganar a cualquiera. Nosotros, los venezolanos, y me incluyo, nos vemos inferiores, mental y futbolísticamente, sea de donde sea. Un equipo venezolano que además de que, en su mentalidad, se siente así, más lo que opinan de afuera periodistas y fanáticos, nos hace ver más inferior aun. Imagínate la mentalidad que lleva el jugador al partido”, reflexionó Robert Hernández.


Este factor, por supuesto, debe estar acompañado por la concientización debida de cada partido, rival y contexto. “Aunque no le podamos salir a jugar de igual a igual a esos equipos, tenemos que saber desde la concentración, cuándo vas a atacar y cómo saber defenderte”, redondeó quien llegó a la institución caraqueña en 2016.


Al margen de cuan bien debe tener la cabeza, al momento de afrontar desafíos de alta exigencia, la formación del jugador venezolano todavía no está a la par de la crianza futbolística que atravesaron los jugadores de otros países de América.


“Ves un equipo de categoría inferior de afuera con uno de Venezuela y se nota la diferencia, tanto en lo táctico como en lo técnico. La preparación desde juveniles. Ahora no nos podemos comparar, más allá de lo que hemos crecido, porque tenemos muchos futbolistas fuera del país, jugando en buenas ligas. Todavía no nos podemos comparar con un torneo como el de Ecuador o el de Colombia”, añadió el sucrense que fue parte del combinado nacional Sub-20, en 2013.


Aparte, Hernández considera que en los países vecinos tienen las campos de juego en mejor estado que las del país.


“Las diferencias de juego se notan desde las canchas que, si están bien, ayudan al crecimiento del futbolista, hasta los que suben de chamos lo notan, cuando vamos a un estadio afuera. Todos nos sorprendemos. En Venezuela no tenemos ese tipo de canchas, y eso influye. Ya por ahí te van ganando 1-0. Es algo que choca en la mentalidad del jugador”.


De nuevo, poco ha cambiado. Desde su amplia perspectiva, McIntosh sostiene que “Hoy en día se trabaja más contextualizado. El trabajo se basa en el modelo de juego, cosa que antes no se hacía. Se trabajaba descontextualizado y ya ellos (los rivales) desde hace mucho trabajaban así. Aparte las distancias en esos tiempos aún estaban muy marcadas. Era muy difícil ganarle a un equipo a nivel internacional. En ocasiones, se les ganaba, pero más por talento que por buena preparación técnica, táctica y física, y muchas veces lo estructural también juega un papel fundamental. Muchas veces no se contó con buenas canchas, para mantener un ritmo de juego acordé a las exigencias internacionales”, sostiene el marcador de punta que se inició con Minervén, a comienzos de los años 90, y con el equipo de Nerio Hernández y luego Víctor Pignarelli alcanzó los 4tos de final de la Libertadores.


Lo expuesto nos reafirma que, el futbolista venezolano tiene que remar más fuerte que sus pares de Suramérica, si quiere evolucionar individual y colectivamente. No es fácil. Y en el plano equipo hay mayor dificultad. Salvo Bolivia, el resto del continente todavía compite mejor que Venezuela, a partir de la preparación y aproximación. Mientras no haya una mentalidad evolutiva, el progreso continuará en gaveta. A Venezuela le sigue faltando cabeza, para ganar terreno afuera.

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