• Federico Rojas

Volviendo a ser

Updated: Nov 25, 2020

A partir de una introspección, Venezuela se lavó la cara y recuperó el alma. Un tema que podemos abordar desde el punto de vista deportivo y desde el tras bastidores, dada su directa relación.

Festejo del 1-0 de Mago a Chile / Prensa FVF


Después de lo que pasó en la primera doble fecha, el grupo de jugadores quedó tocado. Se había perdido el camino, tras casi un año sin jugar juntos, el inmaduro proceso de Peseiro y los temas federativos que suelen desordenar el ambiente en cualquier concentración.


La estruendosa derrota en Barranquilla y la amargura en Mérida (que no resultó como sede) forzó una profunda revisión. Un reseteo. El jugador sabía que podía y tenía que dar más, mientras el entrenador descubrió de qué se trata la eliminatoria más complicada.


Entrando al reencuentro de noviembre, lo más notorio fue el regreso de Salomón Rondón. Su sola presencia, reiniciaba todo. Así como el llamado de los muchachos del patio, después de que el DT portugués se quedó en el país para conocer un poco más sobre el fútbol nacional.


A más de dos días de la confrontación con Brasil, el grupo ya estaba completo, trabajando en el complejo de Palmeiras, dada la gestión de los coordinadores, a los que se sumó recientemente José Antonio Quintero. La vez pasada, Peseiro los tuvo a todos recién el mismo día del debut.


Con tiempo en Brasil, el entrenador trabajó en función de lo coherente, considerando el rival y las costumbres de los jugadores, adaptados al 1-4-5-1 que usaba Dudamel, reconvertido en 1-4-3-3 en la posesión.


Casi todas las selecciones que visitan a la campeona de América se paran con un dibujo así, o parecido. Sobre todo, si hay puntos en el medio.


Del partido, se rescata la correcta postura táctica. La entrega en colectivo, con la ocupación de espacios, las ayudas en el repliegue y la serenidad para no sobresaltar ante las continuas aproximaciones brasileñas.


Casi todo el duelo se dio en los 50 metros Vinotinto y Venezuela mantuvo las líneas juntas, con los centrales cerrando una y otra vez. Pasa que los criollos no pudieron acomodarse cuando la agarraron y, como en Mérida con Paraguay, una distracción por la izquierda partió la defensa y costó el cero.


Un evento particular se suscitó durante la segunda mitad, cuando Savarino y Añor eran anunciados para ingresar. Un entredicho entre el cuarto árbitro (José Méndez / Paraguay) y el coordinador (Reyner Clemente), derivó en la expulsión del venezolano.


Según lo que pude recabar, el asistente confundió los números en un doble cambio (Savarino x Machís y Añor x Cásseres Jr.), marcando el 13 de Cristhian Rivas, que estaba en el banco. Clemente protestó, el cuarto árbitro llamó al principal, Juan Benítez, y este lo echó.


Añor no pudo ingresar, dado que Benítez reanudó y ya se habían agotado las extensiones: Mago por Feltscher en el primer tiempo. Otero por Soteldo y González por Rosales sobre el minuto 65.


En el costo de la derrota se incluyen las lesiones de Rosales (prevención por fatiga muscular, aunque habían notificado desgarro) y Feltscher (desgarro en el sóleo derecho). Ambos descartados para la fecha 4 junto a Rincón, que acumuló una segunda amarilla.


Luego, el viaje madrugador a Caracas, que incluyó un trato incómodo y una demorada revisión de las autoridades del aeropuerto de Maiquetía. Incomprensible porque, además, las pruebas de despiste de Covid dieron múltiples falsos positivos, que alarmaron puertas adentro.


Inmediatamente, a la delegación se le hizo una prueba de una institución privada, arrojando los resultados negativos. Fue un susto de varias horas.


De hecho, la noche previa al partido, una buena parte de los jugadores solo se ejercitó en el gimnasio del hotel de concentración.


Con Chile, fue una prueba vital. Había que conseguir oxígeno de cualquier manera. En Caracas y con urgencia, Venezuela mostró progresión, con un eficiente trabajo colectivo que tuvo premio, para cortar la sequía y para salir del sótano de la clasificación.


La primera victoria de la eliminatoria hacia Catar también fue la primera vez que, siendo anfitriona, Venezuela superó a Chile por eliminatorias. Pasaron 19 años del primer triunfo ante los australes, en Santiago.


Desde el orden en repliegue, la selección tuvo el balance para ir a buscar el partido con una versión propositiva. Machís entró enchufado, los del medio (sin Rincón, pero con el regreso de Herrera) mostraron notable oficio, los centrales volvieron a cumplir, los laterales pusieron todo lo que tenían, Soteldo lo destrabó y Salomón volvió al gol.


Otero también entró para ser determinante. Se lo debía. Con Brasil, no pudo contribuir y había quedado expuesto en la jugada del gol.


El peso de Osorio

El reciente traspaso al Parma condicionó la presencia de Yordan Osorio en la primera doble fecha. Ahora, en ambos partidos entregó notas altas, por su posicionamiento, rápidos desplazamientos, coherencia en la toma de decisiones y el juego aéreo. En fin, el central de cabecera que resulta imprescindible.


Hasta sus compañeros parecen contagiarse de la seguridad que brinda el barinés.


De igual forma, mención especial para Alexander González, quien volvió a ser titular (desde marzo 2017, 1-3 @ Chile) y lo afrontó con notable confianza y determinación. La selección ha recuperado un valioso efectivo.


El lateral izquierdo sigue siendo el punto flaco de la última línea. Por allí pasaron Rosales, Feltscher y Mago, cubriendo el vacío, sin ser naturales de la posición.


Cualquier distracción de ese lado genera el rompimiento de la defensa. Como pasó con Colombia, Paraguay y Brasil.


El músculo está en el medio

La potencia de la selección está en el centro del campo, con jugadores de consistencia física, disciplina, bagaje y actualidad.


Con Yangel Herrera resumo esta afirmación. Pero no se trata solamente del jugador del Granada español, porque la veloz maduración de Cásseres Jr. y la fiabilidad que brinda Junior Moreno, hablan de una línea estable, firme y profunda porque, aparte de Rincón, en la carpeta de Peseiro también figuran Manzano, Figuera, Martínez, Rivas, Contreras y Zambrano.


Tanto ha sido el impacto del tridente que inició contra Chile que, en la opinión pública, surgió un debate acerca de la titularidad y la presencia del capitán en las convocatorias. Lo que me parece absurdo. Hay que medir con lógica y objetividad. No por las conclusiones de un partido en el que no estuvo. Como Peseiro lo requiera, Rincón tiene que estar. Todos, son necesarios.


Los partidos se ganan y se pierden en las áreas, pero es en el mediocampo donde se construyen los caminos para que haya solvencia en los dos lados.

Ángel y Rondón, en entrenamiento previo a Brasil / Prensa FVF


La selección, desde 2016, se hizo a partir del ordenamiento sin pelota. Le toca hacerse fuerte desde allí, para buscar los puntos en cualquier escenario.


La efectividad en faceta defensiva es lo más difícil de optimizar y, por lo de Sao Paulo y Caracas, me queda la impresión de que se recuperaron los hábitos adquiridos en el proceso anterior.


Lo que no se logró en octubre, se encontró en noviembre, con la valentía que requería la situación. Había que reacomodarse. Hubo disciplina en la concentración y los jugadores hicieron dos partidos a pura entrega y sacrificio. Peseiro se revisó y volvió a reconocer el error de Barranquilla. "Aquí no estamos para inventar [...] Perdí la cabeza contra Colombia y no la voy a perder más". La crítica propia, siempre suma.

Te pueden gustar las formas, o no, pero está claro que el compromiso y la capacidad competitiva de la selección está volviendo.

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